El mostrarse severo con la gente puede ser mucho mejor que intentar engañar a la gente para que coopere. Al menos, si es usted severo de una manera consistente, sabrán a qué atenerse. Pero la severidad como instrumento coercitivo para lograr la cooperación de las personas, dio con la “Depresión” del 30 y el advenimiento de unos sindicatos poderosos. Si repara usted en el procedimiento de la severidad, verá que actúa sobre las necesidades físicas que impulsan el actuar. El “manda más” se sirve del instrumento “temor” al decir: “¡Sino haces lo que digo, apague y lárguese!” Esa forma de abordar la cuestión (como en efecto parece gobernar el presidente Trump) resultaba eficaz cuando era difícil ocupar la atención en el quehacer de aquellos que rigen el destino de la humanidad. Pero, ¿ha sido realmente efectivo alguna vez?
Sin profundizar en los aspectos psicológicos del ser, conviene recordar que la mayoría de las personas, cuando tienen miedo, no siempre huyen y se esconden. En vez, se hacen agresivas y difíciles de manejar. Las personas motivadas por el temor se convierten en maestros de las técnicas de desgana y brazos caídos.
No hay que interpretar lo anterior en el sentido de ser blando en el proceder. La gente coopera bajo una firme supervisión, mientras el supervisor no adopte una actitud de “sabelotodo” y mientras satisfaga las necesidades de las personas.
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