Consideremos, por ejemplo, a once jugadores de un equipo de fútbol. El grupo es respetado y temido por sus contrincantes por ser de los más productivos de la temporada. Sin embargo, en el grupo hay tres jugadores que, interrogados separadamente, se manifestaron enérgicamente contra el director técnico. Y otros tres jugadores que cuando jugaron con otros equipos fueron malos productores. Tal cosa es típica. Cada equipero de un conjunto puede ser un individualista bastante acusado cuando trabaja solo. Pero cuando los jugadores trabajan en equipo, la personalidad del grupo llega a ser más fuerte que la de cualquier componente individual. La personalidad del grupo reflejará los puntos de vista y los hábitos de juego de los diversos individuos, pero demostrará lo mejor (o peor) que hay en algunos y anulará muchas tendencias individuales que el grupo no aprueba.
La historia del club de fútbol Pachuca nos presenta el mejor ejemplo del poder del grupo sobre el individuo. Los no conformistas fueron apartados del club. Los hombres que se incorporaron y que permanecieron en él adquirieron las cualidades del equipo Pachuca. Hombres que en otros clubes fueron renegados, perturbadores e infractores de las reglas, se atuvieron estrictamente a las normas del Pachuca Club de Fútbol. Y al mismo tiempo mejoraron sus promedios de rendimiento futbolístico.
Y por lo demás: ¡Tuzos, Campeón Liga BBVABancomer!
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