notas al margen

El liderazgo auténtico no necesita mesías

En una época en la que las redes sociales amplifican tanto las ideas como los egos, es común encontrarse con figuras públicas convertidas en íconos, casi en objetos de devoción. No solo en la política, también en el emprendimiento, el liderazgo organizacional e incluso en las marcas personales. Pero, ¿cuándo pasamos de seguir a alguien por sus ideas a idolatrarlo por su aura?

Recientemente leí un mensaje en redes sociales que afirmaba que la “mesianización” de un líder político como el presidente Petro no es culpa de sus seguidores, sino de sus opositores. Según ese razonamiento, quienes lo critican lo refuerzan como figura mesiánica. En otras palabras, el fenómeno no existiría sin la “obsesión” de quienes lo denuncian.

Este argumento, aunque suene sofisticado, es profundamente engañoso. En la práctica, libera de responsabilidad a quienes promueven el culto a la personalidad y desvía la atención hacia los críticos, acusándolos de tener una fijación emocional con el líder. Es el equivalente, en branding, a decir que, si una marca se convierte en un fraude emocional, es culpa del consumidor que lo nota.

¿Qué puede inferirse del autor de dicho mensaje?

  1. Lenguaje sofisticado, pero retóricamente cargado— Usa términos como “mesianización”, “referente favorito”, “dios malamente encarnado”, lo que sugiere que el autor pretende posicionarse como un pensador profundo. Pero esa densidad lingüística a menudo camufla un argumento que en el fondo es ideologizado y defensivo.
  2. Simpatía o afinidad con el líder criticado (Gustavo Petro)— Aunque no lo defiende de forma explícita, el mensaje tiene un subtexto claro de protección hacia el presidente. Redirige la crítica hacia los opositores y los acusa de ser parte del fenómeno que dicen rechazar, lo cual es una forma indirecta de relativizar el problema del culto a la personalidad.
  3. Intento de invertir la crítica— El autor no niega el fenómeno de la “mesianización”, pero culpa a los opositores por perpetuarlo. Es un giro argumental interesante, pero también conveniente: traslada la responsabilidad desde los defensores acríticos del líder hacia sus críticos. En lugar de contribuir a desmontar ese fenómeno, lo usa para atacar a los que lo denuncian.
  4. Moralización del debate— Sugiere que los opositores no tienen “nada honesto que ofrecerle a la sociedad” y que carecen de identidad propia. Esto no es un análisis, sino un juicio moral que revela más del sesgo del autor que de la realidad que describe.

¿Por qué dicho mensaje amerita un comentario analítico?

Porque el mensaje:

  • Confunde causa con efecto— No es la crítica al mesianismo lo que lo crea. Es la idolatría política sin límites —fomentada por el líder y sus seguidores— lo que lleva a la denuncia de ese fenómeno. Culpar al opositor de lo que denuncia es una falacia circular.
  • Desvía la atención del verdadero problema— El culto a la personalidad es dañino para la democracia, venga de donde venga. Minimizarlo o distraer su análisis atacando a los críticos solo contribuye a normalizarlo.
  • Cae en el mismo esencialismo que critica— Acusa a la derecha y el centro de no tener pensamiento propio, pero no ofrece argumentos alternativos, ni reconoce que puede haber crítica honesta sin idolatría.

En el entorno de la marca personal, como en el liderazgo político o empresarial, esto tiene un paralelo claro: cuando su reputación depende del mito más que de su mensaje, ya no está liderando: está actuando. Y cuando quienes le rodean impiden el disenso, atacan la crítica o convierten toda objeción en “odio”, entonces su marca personal ha perdido autenticidad.

Para estudiantes, emprendedores, empresarios, comerciantes y profesionales, este caso político ofrece una lección fundamental: un verdadero liderazgo no necesita ser idolatrado, necesita ser comprendido. Si sus clientes, colegas o seguidores no pueden cuestionarle sin temor a ser descalificados, no está usted así construyendo influencia: está fabricando un altar.

Y, por cierto, culpar a los críticos por la existencia de un culto es tan absurdo como culpar al termómetro por la fiebre.

O como quien dice

Si pretende que su marca personal crezca con integridad, no busques devotos. Busque interlocutores. No construya sobre el mito, construya sobre propósito, coherencia y verdad. Porque el verdadero respeto no nace del fanatismo, sino del pensamiento crítico.

Andres Tellez Vallejo

Mercadólogo, autor y publicista con más de tres décadas de experiencia profesional, combino una sólida trayectoria en gerencia de producto y dirección de marketing tanto en la industria farmacéutica como en bienes de consumo. Mi carrera profesional inició con 13 años como asalariado, pero hace 19 años decidí emprender la senda del trabajo autónomo, consolidándome como gestor estratégico, autor y editor de publicaciones periódicas.

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