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De modo que así luce el corrupto

“Ni es un problema reciente ni se reduce al sector estatal. Tiene raíces hondas en nuestra historia, en nuestra cultura y en nuestra forma de organización social”. “Odebrecht, Reficar, los comedores escolares, Interbolsa, La Guajira, el cartel de los pañales, el ‘carrusel’ de la contratación, Estraval… La lista de casos de corrupción en Colombia parece interminable”.

Así lo leí en un revelador artículo de Eduardo Lindarte Middleton, Economista y doctor en sociología de la Universidad de Wisconsin, con el que éste pretende dar luces al interrogante del ¿por qué hay tanta corrupción en Colombia?

Y en ese sentido, esta entrada revela lo que a usted no le permiten ver en la televisión ni le cuentan los periódicos, ni le comparten las redes sociales sobre los “aventajados” personajes. Durante los últimos años he tratado de descubrir quién controla el mercado, a dónde va el dinero y por qué lo que hace unos años atrás se consideraba fuente de esplendor e integridad es ahora ostentoso, antidemocrático, dominado por los torcidos y subastado como una herramienta de enriquecimiento de las compañías multinacionales del mundo.

Pero a todas estas, ¿cómo es que luce la joya de la corona? A mí se me da que, el corrupto, es presidente o CEO, como dicen los estadounidenses, y siempre ha estado orgulloso de su lejana asociación con la dinastía de turno, la familia más poderosa del entorno.

Impresionado por tanta magnificencia, no faltará quien le pregunte, cuál es el secreto de su éxito, a lo cual, éste contestará: “Cuando me despierto permanezco tendido en la cama diez minutos pensando única y específicamente qué debo hacer hoy para mejorar mi posición”.

Y es indudable que el corrupto ha mejorado su posición en el mercado durante estos últimos catorce años presidenciales. Cuando se aventuró por primera vez en el escenario estatal, se burlaron de él a sus espaldas. En virtud de su gran molondra y habilidad para conseguir acuerdos se le consideraba un vividor. Su desproporcionada ambición estaba fuera de lugar en el distinguido mundo de los negocios.

Unos años más tarde, el corrupto, ha reunido un laberinto de alianzas y favores que abarcan todo el mundo de la política y ha trepado la senda hacía la cumbre de la Sociedad (secreta). En su andar, apuñaleo por la espalda a varios de los más decentes líderes de mercado; presidio el peor ejemplo de engaño organizado nunca antes visto en los negocios o la contratación estatal; pasó por alto las coimas que se reparten a dos manos para buscar el favor del gobierno de turno. Y ahora, controla un fondo secreto, de vaya usted a saber cuántos millones de dólares que ha menoscabado del presupuesto estatal.

El séquito que acompaña al corrupto en sus viajes puede hacerles competencia a las procesiones imperiales del presidente de turno. Su medio de transporte preferido es el avión privado. Está acostumbrado a que lo recoja un lujoso automóvil con escolta de interminable hilera de lujosas camionetas blindadas que lo acompañan en su trayecto; escoge la habitación más grande en el hotel más prestigioso de la ciudad. Es probable que en la comitiva real del corrupto se encuentren también su astuta esposa, su amante quien funge de secretaria personal, su hacker de bolsillo, su abogado tinterillo y también su encargado de prensa.

El corrupto no puede arriesgarse a estar muy disponible para los medios. Su gestor de redes sociales, tiene la tarea de escribir los comunicados de prensa y tratar de distraer la atención de la audiencia, así como la de los inquisitivos periodistas en cuanto al creciente número de escándalos que ocurren en su entorno.

Se distribuyen grandes cantidades de dinero a las causas indicadas. Aunque aún así, mucho dinero se despilfarra en coimas, desembolsos excesivos y en las extravagantes promociones del corrupto.

El corrupto puede mostrarse indiferente ante los ocasionales comentarios llenos de ironía de algunos periodistas bien informados, pues nunca tiene que responder ante un electorado de “bolsillo”. Si los críticos golpean con demasiada frecuencia en la puerta de su oficina, el corrupto puede solicitar la oración y el favor de un pastor cristiano, o puede estar seguro de que logrará sobrevivir sin importar el motivo del nuevo escándalo en el cual se vea involucrado. En el mundo de los negocios el corrupto ejerce un poder absoluto. Su predecesor, era un hombre muy diferente, pero ese será el tema de la siguiente entrada.

Andres Tellez Vallejo

Mercadólogo, autor y publicista con más de tres décadas de experiencia profesional, combino una sólida trayectoria en gerencia de producto y dirección de marketing tanto en la industria farmacéutica como en bienes de consumo. Mi carrera profesional inició con 13 años como asalariado, pero hace 19 años decidí emprender la senda del trabajo autónomo, consolidándome como gestor estratégico, autor y editor de publicaciones periódicas.

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