Todo estudio moderno de la comunicación debe incluir necesariamente un análisis del lenguaje no hablado, es decir, de los ademanes. En una persona bien compuesta, este es el complemento del lenguaje oral. Si la persona es susceptible de confusión o contradicciones emocionales, o si por alguna razón no dice la verdad, el lenguaje expresado con palabras y el que expresan los ademanes están en conflicto entre sí. Este conflicto se hace notorio y suele delatar sus verdaderas intenciones.
Para un individuo que esté hoy en los negocios, la política o en sociedad, es indispensable aprender a interpretar lo que dicen los movimientos involuntarios del cuerpo y aprovechar ese conocimiento para influir en los demás. Y, apropiado también sería que aprenda a dominar sus propios ademanes y gestos para evitar ser mal interpretado por los demás.
El lenguaje del cuerpo es básicamente la contraparte del lenguaje de las palabras. Para comprenderlo, es necesario entender primero el lenguaje verbal y cómo se desarrolló a lo largo del tiempo.
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