Reflexione sobre el dominio de su existencia, su trayectoria profesional, su empresa o negocio, su interacción profesional o personal, o algún otro asunto relevante que tenga consecuencias para usted. Para el efecto, ¿cuántas decisiones relevantes ha tenido que tomar hasta ahora? So pretexto de la retrospectiva, ¿qué tan acertadas han sido sus decisiones? ¿Cómo determina usted sus decisiones? ¿Existirá algún método infalible para la toma de decisiones?
Al respecto, ha de saber que, no todas las decisiones son relevantes. La mayoría de las decisiones, tales como decidir dónde comprar su almuerzo, no son relevantes. Las consecuencias de estas decisiones son irrelevantes.
Sin embargo, otras tantas, sí son relevantes y resonaran por años, diga usted, por ejemplo; los procesos de transformación, o decidir en quién confiar, o la formación académica a seguir, o dónde elegir desarrollar su trayectoria profesional, o con quién conformar un hogar.
En ese orden de ideas, la mayoría de nosotros no disponemos de las habilidades adecuadas para reflexionar dichos interrogantes. Como resultado, a menudo recurrimos a una relación elaborada de ventajas y desventajas, donde enumeramos todos los aspectos tanto positivos como negativos, pretendiendo así compensar el margen de error.
Si bien esta táctica es útil para decidir qué almorzar, una relación de aspectos positivos y negativos tiene muchos puntos ciegos.
¿Entonces? Sencillo, ya hace mucho, lo sugirió Thomas Edison, “es una pérdida de tiempo absurdo pasar por el tanteo pausado y penoso de determinar cualquier asunto por uno mismo, si ya antes alguien lo comprobó y lo puso a disposición de los demás”. O como quien dice, apóyese en las experiencias de toma de decisiones de los demás, si su caso tiene la correspondiente correlación.
Por lo demás, ha de saber usted, que es natural equivocarse cuando se toman decisiones, y que hasta las personas más inteligentes se equivocan. Si no me cree, eche un vistazo a las siguientes decisiones:
Y así, resultan innumerables las decisiones equivocadas.
Estas fueron algunas de tantas decisiones catastróficas tomadas por personas que, en cierto sentido, eran tomadores de decisiones profesionales. Contaban con credenciales y juicio impecable y, sin embargo, tomaron malas decisiones debido a un juicio deficiente, una representación mental del entorno demasiado limitada o sencillamente tonto o estúpido.
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