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La trascendencia de los valores

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El líder, sobre todo, tiene que ser una persona cuyos compañeros de equipo le sigan en el peligro, la incomodidad y cualquier penuria que la naturaleza, el clima o el enemigo les pueda representar. El liderazgo, diga usted, por ejemplo; en medio de la tensión y la excitación de un partido de fútbol no será su única responsabilidad o; en los deberes rutinarios como los son la formación académica que, a menudo resultan tan penosos como la contienda en el campo de batalla o; en esos períodos de servicio al cliente que pueden parecer carentes de toda novedad e incluso de importancia, requiere de la paciencia, inspiración y la atención al detalle del timonel. Dichos tipos de circunstancias, exigen una clase singular de liderazgo para así poder mantener la moral y la eficiencia de las personas en el nivel necesario y como para potencializar su productividad. A saber: Tenga presente que, la forma más pura e impecable de liderazgo es el ejemplo: el ‘sigamos’, es mucho mejor que, el ‘sigan’. El líder debe responsabilizarse con sutileza por las personas que están bajo su comando. La actividad de su personal está en sus manos y, por ende, los subalternos tendrán el derecho de esperar de usted los más altos estándares de carácter, competencia profesional e integridad. Si siempre pone usted los intereses y el bienestar de la gente por encima de los propios, ellos, su equipo, no le fallarán y juntos podrán emprender lo que sea que les atraviesen por delante. La senda profesional, a menudo, es áspera y pendiente. No obstante, mi confianza, mis pensamientos y buenos deseos, siempre estarán contigo, hijo.

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