El síndrome del impostor es ese raciocinio persistente y fastidioso que nos sugiere que no merecemos nuestros logros. Si alguna vez lo ha percibido, pierda cuidado, porque no es el único. Así pues, cómo puede uno canalizar los sentimientos de incertidumbre hacía algo más constructivo y productivo. Al respecto, ofrezco aquí algunas sugerencias según las entendí de una lectura de Amantha Imber sobre ‘cómo estar en buenos términos con el impostor que todos llevamos dentro’: 1) Replantee la incertidumbre sobre sí mismo. En lugar de alejarse de las experiencias que desencadenan su incertidumbre, adóptelas deliberadamente. Recuerde que los desafíos son oportunidades para aprender. Considere sus inquietudes como un recordatorio de que siempre hay espacio para crecer. 2) No se inquiete si usted no es el asistente más perspicaz del comité. Irónicamente, se luce más confiado y seguro de sí mismo cuando se demuestra la humildad y el coraje para preguntar sobre aquello que uno desconoce. 3) Considere todos los comentarios por igual, hasta aquellos que son críticos. A nadie le gusta escuchar lo que está haciendo mal, pero esa es la única forma de aprender para crecer. Asuma la buena intención de la persona que aporta la retroalimentación. Después de todo, se tomó el tiempo necesario para identificar y señalar sus áreas de mejora, pues cree que es factible y quiere ayudarlo a progresar. Después de recibir la retroalimentación, tómese el tiempo necesario para planificar cómo los aprovechará; incluso puede poner en práctica el entendimiento adquirido con la misma persona que se lo proporcionó.
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