Cada una de las decisiones que tomamos cambia las cosas. Perseguir o no la formación académica; esforzarse o no por ser el mejor futbolista; refrendar o no los acuerdos de paz; la elección de las personas con quien mantenemos amistad; el ejemplo que brindamos; los inconvenientes que resolvemos y, así por el estilo con cuanto ejemplo a usted se le ocurra.
En ocasiones, como lo es el refrendar la paz en Colombia, se nos concede la oportunidad de vislumbrar desde la encrucijada, la reacción en cadena de nuestras determinaciones. Es así, como en vez de solo abordar la premura del momento, puede uno apreciar el valor de un entendimiento profundo, saborear el poder de la perseverancia, agradecer la contribución de aquellos que elegimos ignorar, o lo amable y sincera que es la mano amiga que se extiende para protegernos tal cual impulsarnos. Por siempre.
O sino, ¿cómo cree que llegó hasta la instancia en la que está? ¿Acaso, podrá alguien más alcanzará sus propósitos como consecuencia de su apoyo e impulso incondicional? Probablemente “Sí”, por eso, yo refrendo la paz en Colombia. Y, por favor, siga usted la reacción en cadena.
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