La creatividad suele comenzar con el simple, aunque abrumador, acto de concedernos permiso para explorar lo desconocido. Muchos de nosotros nos reprimimos porque no estamos seguros de nuestro talento, tememos que nos juzguen o nos malinterpreten. No obstante, la creatividad no es un lujo ni un capricho… es una parte esencial de cómo nos expresamos y nos conectamos con los demás. El actor Ethan Hawke compartió una vez una historia emancipadora sobre el poeta Allen Ginsberg, que apareció en televisión en directo para cantar un canto Hare Krishna mientras tocaba el armonio. La gente se burló de él después, pero Ginsberg consideró que su trabajo como poeta era ‘hacer el tonto’ y alterar lo ordinario. Obligó a los espectadores a cuestionar y conversar, provocando una chispa de curiosidad en lugar de conformarnos con la rutina monótona de la vida cotidiana.
En los esfuerzos creativos, ya sea escribir un poema, diseñar una campaña de marketing, concebir un diseño industrial o pensar en una idea innovadora para un producto, no podemos controlar cómo el mundo recibirá nuestros esfuerzos. Si la historia nos ha enseñado algo, es que el mundo puede ser un ‘crítico poco fiable’.
Como señala Hawke, el arte y la creatividad sólo se vuelven inevitablemente vitales cuando los acontecimientos de la vida (enamorarse, perder a un ser querido, enfrentarse a un desamor) nos detienen en seco. En esos momentos, buscamos desesperadamente significado, consuelo y comprensión. La creatividad es parte de lo que nos ayuda a sanar.
Para el diseñador industrial recién graduado que lanza su primer proyecto, el propietario de una pequeña empresa que presenta un nuevo producto o el emprendedor que espera destacarse, la creatividad proporciona energía y originalidad. Sin embargo, a menudo la rehuimos.
Tendemos a cuestionarnos: ‘¿Acaso soy lo suficientemente bueno?’ o ‘¿Y si la gente piensa que soy tonto?’ Pero recuerde: los niños no construyen castillos de arena con la esperanza de convertirse en el próximo mejor arquitecto. Simplemente se vuelcan en lo que despierta su curiosidad en el momento. Su voluntad de fracasar, de parecer tontos, es precisamente lo que libera su poder imaginativo.
Las experiencias de Ethan Hawke subrayan dicha noción. Él descubrió su pasión por la actuación a los doce años, y cada papel (de policía a criminal, de santo a pecador) revelaba algo universal sobre la experiencia humana. Al asumir constantemente personajes desconocidos, descubrió que nuestras historias son más parecidas que diferentes.
Esta sensación de interconexión es lo que hace que la creatividad sea tan atractiva: cuando hacemos algo nuevo (ya sea un poema, una estrategia comercial o un evento comunitario), compartimos una parte de nosotros mismos. A su vez, otros encuentran ecos de sus propias experiencias en lo que creamos, construyendo así puentes de empatía y puntos en común.
A pesar de su importancia, la creatividad implica asumir riesgos. Hawke lo llama ‘estar dispuesto a hacer el tonto’.
Concédase la libertad de explorar un interés que puede parecer frívolo; lea un libro que siempre has querido leer (no solo el que crees que deberías leer); inicie una conversación con alguien con quien normalmente no habla; experimente con nuevas plataformas o medios para compartir su mensaje.
Sí, al principio puede llegar a sentirse algo tonto o inseguro. Ese es el quid. Recorrer un nuevo camino significa forjarlo uno mismo, y ese proceso puede resultar incómodo.
Sin embargo, es en esa incomodidad donde se encuentra la autenticidad, y la autenticidad es precisamente lo que atrae a la gente.
Bien sea usted un estudiante universitario que recién ingresa al mercado laboral con una propuesta innovadora, un emprendedor que intenta expandir su mercado o un comerciante que busca conectarse realmente con los clientes… permítase crear, sin reflexionar en exceso en lo ‘bueno’ que podría ser; de esta manera se le abrirán las puertas tanto al descubrimiento como al desarrollo.
Al aprender a escuchar lo que le apasiona y ser lo suficientemente valiente como para perseguirlo; usted, no solo tendrá más éxito en su labor, sino que también creará algo que resuene con los demás a nivel personal.
En últimas, darse permiso para ser creativo es un acto de autoconciencia y coraje. Se trata de reconocer que su perspectiva singular importa y que usted es de aquellos que no tienen que esperar la validación externa para hacer que algo tenga sentido.
Como nos recuerda Hawke, ‘no hay camino hasta que se recorre’. Así que adelante… permítase salir del recuadro (los límites), conciba un nuevo diseño o planifique una campaña que se atreva a ser diferente.
Tenga presente que, ser algo tonto es exactamente lo que permite que su individualidad y su creatividad brillen con luz propia.
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