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Así puede usted contrarrestar la intranquilidad

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Es normal experimentar ansiedad ocasional, diga usted, por ejemplo, cuando escuchamos las declaraciones de la ministra de Minas, Irene Vélez, sobre la teoría del decrecimiento o, cuando el ministro del Interior, Alfonso Prada, en tono desafiante, amenaza a los colombianos con agitar a los nadies y las nadies en favor de la manifestación popular si no se aprueba la reforma tributaria que promulga el gobierno de Gustavo Petro Urrego (y, “el que entendió, entendió”) o, cuando nos enfrentamos a una reunión de alto calibre o a un jefe estresado, de esos que nadie quiere, o cuando lidiamos con algún colega por una diferencia.

Sentirse ansioso puede ponerlo en fase alerta, de compromiso y productividad, pero también puede exacerbar las reflexiones negativas. Para recuperar el control de su monólogo interior, existen ciertas tácticas que puede comprobar.

Primero, tome nota de cualquier señal física: estómago hecho un nudo o manos sudorosas. Cuando experimente dichos síntomas, centre su atención en alguna otra cosa. Una opción es emprender la resolución mental de algún ejercicio matemático o recitar la tabla del ‘9’, por sugerir una aproximación de tantas.

Luego, identifique la ‘maquinación reflexiva’ en la que se está concentrando, es decir: ¿Está usted imaginando el peor resultado posible, o lo que los demás están pensando, o que solo existen dos resultados posibles?

Aludir la sensación de amenaza con nombre propio, diga usted, por ejemplo, en el entorno futbolero, el ‘temor a una lesión’ o ‘equivocar el pase’ o ‘errar el gol’, entre otros, lo ayudará a recuperar el control como a darse cuenta de que por allí usted ya pasó y salió victorioso.

Posteriormente, separe sus incertidumbres de los hechos. Considere la narrativa que su mente le está redactando y cuestione si mejor debe usted considerar algún otro ángulo o aproximación.

Por último, considere qué le diría a otra persona si se ésta enfrentara la misma situación que usted y, entonces, siga sus propios consejos.

Dichas tácticas lo ayudarán a pasar de la autocrítica a la autocompasión, otorgándole más energía para concentrarse en lo que realmente es importante.

Si bien dichas tácticas pueden ayudar en el momento en que se entra en pánico, los propósitos pueden olvidarse. En ese orden de ideas, es preferible anotarlos para tenerlos a mano previa iniciación del debate de oposición o la reunión de alta tensión. Llegado el momento en el que empieza usted a percibir el aumento de la frecuencia cardiaca o la resequedad en su boca, saque sus notas y ponga en práctica alguna de las susodichas tácticas para calmarse.

Es natural experimentar temor, incertidumbres o confusión. En las dosis indicadas, estos sentimientos pueden ser útiles, ya que nos mantienen alertas, comprometidos y productivos. Pero cuando la ansiedad sobrecarga nuestra mente y debilita el rendimiento, es hora de elegir conscientemente las tácticas que nos permite recobrar el control de nuestro diálogo interior y sintonizar con aquella narrativa que es realmente relevante.

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