‘Como que no le encuentro el chiste al Twitter’, escribió recientemente en Facebook una amiga. La gracia mi querida Marcela, radica en que por primera vez en la era digital, la mayoría de nosotros enfrentamos la oportunidad de lo ilimitado.
¿Cuántos ‘seguidores’ en Twitter serán suficientes, cuantos ‘amigos’ en Facebook necesita, qué tanto tráfico atrae su blog? Puesta a término la noción: ninguna pizzería puede atender una aglomeración infinita, ningún equipo de fútbol podría disponer de un sinnúmero de delanteros, una nodriza es poco lo que le interesa una guardería con número infinito de párvulos, y así por el estilo, en lo sucesivo.
Mas en el universo digital, la consecución de lo infinito, no sólo es posible, es también la norma. El asunto sería entonces preguntarse, ¿qué precio está usted dispuesto a pagar para alcanzarlo? Porque decretar que la única audiencia que vale la pena contemplar es ‘todo el mundo’, cambia la perspectiva de cómo usted mide su valor y su trabajo. Si conquistar un número que nunca alcanzará, lo transforma y altera su enfoque o sus creencias, ¿valdría la pena?
Recuerden que el corolario de infinito es cero, tal como en cero personas, en desacuerdo con usted, cuestionándolo o ignorándolo.
La ‘autenticidad’ nunca ha sido sinónimo de ‘verdad’ o tan siquiera de ‘relevancia’, hasta que los genios que promovieron la tecnología de los medios sociales, empezaron a llamar ‘amigos’ o ‘seguidores’, a las personas que optaron por las listas de distribución electrónicas.
Es así, y sólo si el fin es alcanzar el infinito y más allá, que entonces después de todo, quizás mi amiga tenga razón en su afirmación.
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