El Simon de esta narrativa se define como un “hombre light”, alejado de valores, hedonista y consumista. Es, en términos más exactos, un hombre soltero, inmaduro en lo afectivo, materialista, obsesionado con el trabajo y narcisista. Sí, este es SIMON, el acrónimo acuñado por el psiquiatra español Enrique Rojas.
Simon es un descendiente directo de aquel “hombre light” que, el mencionado psiquiatra definiera ya hace más de 20 años y, o sorpresa, por allá en la década de los 90. Y como tal, “tiene terror a comprometerse, es eternamente adolescente y se la pasa conquistando corazones con un gran miedo a reconocer que ama a una mujer” o quizás a una marca, sugiero yo.
Ahora bien, Simon tal cual digo yo, quiere una razón para creer en el “storytelling” como técnica de comunicación para transmitir información más eficazmente y mucho más robusta. O puntualmente en términos de marketing, como instrumento utilizado en publicidad para desarrollar y consolidar la lealtad del consumidor.
Sí, Simon y yo queremos una razón para creer porque aún no adoptamos el argumento de Giles Lury, en el que éste aduce la necesidad arraigada de todo ser humano de ser entretenido.
Entonces y aun cuando, Simon ni yo tragamos el cuento, nos dimos a la tarea de indagar el asunto a profundidad porque nos interesa estar al tanto de cuanto rodea nuestro entorno de mercado, tal cual porque ejercemos el marketing a cabalidad.
Estos son algunos de los hallazgos que, al respecto logramos recabar de la red de las maravillas.
En términos generales, Lury como demás representantes de la tendencia “cuentacuentos” sostiene que, la aproximación experimental de la perspectiva de lealtad a través del storytelling, impulsará un mayor compromiso del consumidor con la marca, si se:
Aun cuando comparto ciertas nociones del storytelling en el marketing, sostengo que el único propósito de la publicidad es vender, tal cual lo decía David Ogilvy, y nada que ver con entretener como lo sugiere Giles Lury.
Es más, acepto que algunas historias ilustran, otras tantas son memorables y en ocasiones, algunas hasta inducen un sólido vínculo emocional entre marca y consumidor, pero hasta ahí na’ ma’.
Porque lo que sí definitivamente no me cuadra del storytelling, particularmente con prototipos de consumidor como Simon es, el argumento “una talla se ajusta a todos” y motivo por el cual, sugiero reiterar la convicción del oficio en la segmentación y el posicionamiento de marca como variables sine qua non del marketing contemporáneo o clásico, si lo prefiere.
¿O sino, alguna noción o sugerencia para compartir en relación?
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