¿Es usted de los que a menudo se percibe responsable o malogrado al final de la jornada laboral por no haber realizado todo lo que esperaba?
¡Fresco, que usted no es el único!
Sin embargo, dichas emociones no son productivas ni saludables.
Entonces, ¿qué puede uno hacer al respecto?
Puede uno, entre otros:
Ejercer la autocompasión, y reconocer las reflexiones negativas por lo que son: una narrativa que se cuenta uno a sí mismo. En lugar de flagelarse, podría uno considerar reconfortarse con sugerencias tales como: ‘realicé hoy lo que estuvo a mi alcance, y espero mañana realizar aún mucho más’. Igual, ‘mis colegas entenderán porque también estuvieron atareados’.
Así mismo, reconforta reflexionar sobre aquellos factores que nos impiden sacar mayor provecho a nuestra jornada laboral, y reconocer que a menudo, dichas circunstancias no pueden evitarse.
En ese orden de ideas, asumir un enfoque práctico es relevante y resulta productivo. Por esas líneas, también debe uno ser realista en cuanto a lo que es suficiente realizar en el transcurso de la jornada laboral.
Es oportuno ponerse a término y aceptar de una vez por todas que nunca estaremos al día con todos los quehaceres de la jornada, como que siempre habrá algo que quisiéramos haber alcanzado pero que no lo hicimos.
Así pues, si logra uno superar el estado de inconclusos constante, la culpa se desvanecerá.
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