Nadie quiere trabajar con un mequetrefe agresivo con ínfulas de líder
Trabajar para un director mequetrefe, agresivo y emocionalmente rudimentario puede ser tan frustrante como desmoralizador. En mis días de asalariado conocí a más de uno, pero en Abbott Laboratories de Colombia tuve uno particularmente exacerbante: el director comercial; un tal Fabio Rodríguez.
Quizás usted también ha padecido a uno de esos jefes que, cada vez que se le plantea un problema, una solución o una idea novedosa, consigue hacerlo sentir como si el problema fuera usted. Es el tipo de personaje que clausura propuestas con una cortesía de utilería, evade explicaciones serias, desestima argumentos sin despeinarse y, cuando no encuentra una salida elegante, simplemente lo ignora mientras usted habla. Una mezcla lamentable de soberbia, inseguridad y mediocridad administrativa.
Así pues, ¿cómo se sobrevive a una relación laboral tan nociva sin perder la compostura ni regalarle al mediocre el espectáculo de verlo derrumbarse? Desde mi experiencia, conviene hacer lo siguiente:
Construya una red de apoyo. Si le ocurre a usted, probablemente también les ocurre a otros. Los malos jefes rara vez son selectivos; suelen repartir su incompetencia con admirable generosidad.
Lleve un registro de los incidentes. Un director mequetrefe y agresivo no siempre confronta de frente. A menudo opera mediante desaires, silencios calculados, bloqueos sutiles y descalificaciones disfrazadas de prudencia. Por eso es fácil terminar cuestionándose a uno mismo y pensando que quizás está exagerando. No lo haga. Documente fechas, situaciones, testigos y consecuencias.
Busque perspectiva fuera del círculo inmediato. Personas ajenas a su empresa pueden ofrecerle una mirada fresca e imparcial, apoyo emocional y consejos sensatos para tratar con semejante espécimen corporativo. A veces, desde adentro, la toxicidad se normaliza; desde afuera, se ve con una claridad brutal.
No se rebaje a su nivel, bajo ninguna circunstancia. No le regale a un incompetente la satisfacción de convertirlo en su reflejo. Evite los chismes, las conspiraciones de pasillo y las descargas viscerales frente a colegas. No se trata de callar, sino de actuar con inteligencia. Es perfectamente válido hablar con otros si el propósito es buscar soluciones de manera activa, constructiva y estratégica.
Interactúe internamente. Si en algún momento considera cambiar de equipo o departamento, empiece a construir conexiones en otras áreas de la empresa. No espere a estar ahogado para buscar una salida. En organizaciones grandes, a veces la diferencia entre resistir y progresar está en saber moverse antes de que el desgaste lo consuma.
Reconozca cuándo es momento de irse. Una vez agotadas las opciones razonables, quizá sea hora de buscar alternativas laborales más saludables y prósperas. Priorice su bienestar, su dignidad y su trayectoria profesional. Ningún cargo, salario o membrete corporativo justifica someterse indefinidamente al capricho de un jefe tóxico.
Porque, seamos francos: hay personas que no necesitan más liderazgo, más capacitación ni más retroalimentación. Necesitan dejar de dirigir. Y, desafortunadamente, ciertos hijueputas sencillamente no tienen remedio.
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En «en el negocio»
Andres Tellez Vallejo
Mercadólogo, autor y publicista con más de tres décadas de experiencia profesional, combino una sólida trayectoria en gerencia de producto y dirección de marketing tanto en la industria farmacéutica como en bienes de consumo. Mi carrera profesional inició con 13 años como asalariado, pero hace 19 años decidí emprender la senda del trabajo autónomo, consolidándome como gestor estratégico, autor y editor de publicaciones periódicas.