Resulta llamativa la idea de “posicionamiento de marca” atribuida por la comisión de notables que, hace unos 202 años —en plena inestabilidad política y guerra civil— bautizó a Colombia como La Patria Boba (aunque algunos historiadores prefieren el término Primera República). Desde la perspectiva del marketing, podría discutirse cuánto sabían aquellos próceres sobre construcción de marca, pero lo cierto es que la etiqueta ha calado y sigue reflejándose en la actualidad.
Hoy la nación permanece, según muchos analistas, atrapada en una suerte de confusión colectiva: crisis aguda del sistema de salud, una reforma judicial fallida, el llamado “bosón de Azcárate”, la irrupción del movimiento Puro Centro Democrático de Álvaro Uribe Vélez, tensiones entre comunidades indígenas y el Ejército en Toribío (Cauca) o la polémica elección (bajo voto secreto) del nuevo secretario del Senado. Todo ello en vísperas de la apertura de un nuevo período legislativo el 20 de julio.
Varios observadores perciben a la clase política excesivamente ensimismada. El Gobierno parece prolongar una “convención” permanente, embelesado con un ideario tan permisivo como nebuloso, mientras la oposición insiste en un conflicto constante con las instituciones de control. Sin sorpresa, el resultado es la ausencia de acuerdos significativos.
| Gobierno | Oposición |
| Defiende un discurso de unidad, tolerancia y futuro promisorio; confía en la buena voluntad comunitaria y justifica concesiones. | Proclama que «todo va mal»: denuncia corrupción, exige mano dura y enaltece un pasado idealizado. |
| Considera nobles las intenciones de sus políticas y espera que el país avance bajo su línea. | Desconfía de la agenda oficial, interpreta los proyectos como perjudiciales y cuestiona cualquier diálogo con grupos armados. |
Ambas narrativas, tan idealistas que a menudo ciegan a quienes las sostienen, generan incredulidad reciproca: el Gobierno no cree que la oposición tome en serio sus propias consignas; la oposición sospecha que las promesas oficiales son simple retórica.
La falta de colaboración se traduce en parálisis institucional. La ciudadanía, protagonista silenciosa de esta pugna, observa cómo la vía recorrida hasta ahora conduce a un destino poco alentador. Mañana, 20 de julio, Colombia celebrará un aniversario más de su independencia mientras muchos se preguntan si ha llegado el momento de replantear el mandato de unos y otros. Para esa “inmensa mayoría” el reto es claro: exigir líderes capaces de convertir el debate político en acciones que realmente mejoren la senda de la nación.
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