Una cosa es la dignidad personal, y otra muy distinta es aquello que los demás piensan de usted. A dicha percepción, se le dice ‘dignidad de los demás’. Si a los demás le viene bien pensar favorablemente de usted, pues entonces, siga adelante y cuanto antes. En ese orden de ideas, no hay motivo para aguardar hasta que los demás, con el esfuerzo, la disciplina, y la resiliencia que le impregnan a su labor, hagan realidad las expectativas como todo aquello que usted pretende alcanzar en su trayectoria (personal o profesional). Ciertamente, algunos personajes, diga usted, por ejemplo; un director técnico mediocre, extraño, resentido, huraño, discriminador, e insensible, puede hacer mella y dificultar el logro de algún propósito; aunque usted en algún momento, tarde que temprano, tenga que tomar una decisión al respecto. La dignidad es algo que se le inculca tanto en los niños como en los jóvenes, pero en los adultos, la dignidad es por supuesto, una opción. O como quien dice, es uno y solo uno, el encargado de construir, desarrollar y dirigir su propio destino. Es cuestión de dignidad.
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