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El pregón del manisero

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El pregón del manisero, ya es cosa del pasado, tal cual ha acontecido con tantas otras cosas buenas. Así es, ya nunca se verá por ahí aquel personaje del folclor cubano, sin rostro, ni cuerpo que lo represente con nombre propio, pero cuya estampa con lata de maní, pantalones remangados, delantal y los cónicos cucuruchos de maní en mano, rondan nuestra mente cada vez que se oye: “manííí, manííí, si te quieres por el pico divertir, comete un cucuruchito de maní…” Y, ¡juepaje! “Que calentito y rico está, ya no se puede pedir más, ay caserita no me dejes ir porque, después te vas arrepentir y va a ser muy tarde ya…” Y, ¡juepaje! Qué produce usted. Resoluciones, resoluciones, confío yo, pues con certeza, usted no es de los que manipula una prensa hidráulica. Usted, supongo yo, es de aquellos cuya labor es tomar decisiones. El quid del asunto, es que el granjero que cultiva maní no se deja abatir por su labor, como tampoco evita sembrar el maní, o descascararlo, o postergar la cosecha, o mucho menos, pretender que el vecino cultive su maní. Por lo tanto, y si ya salió del comité o de la sesión de ‘lluvia de ideas’, asuma todas las resoluciones que le corresponden, ya que solo así logrará usted superar el asunto. Y, ¡juepaje!

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