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Con la C de cabrón

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De travieso y arrogante, de ideales zonzos, y hasta de mero pendejo, se me da, el posicionamiento de marca de los cabrones. El concepto, me viene a la mente, no como por arte de magia, sino de escuchar por ahí, tanta anécdota increíble, de aquello que algunos llaman, ‘servicio al cliente’. El mismo parapeto empresarial de siempre, con la diferencia que, gracias a la tecnología de los insoportables sistemas de audio respuesta, ya no tiene uno el chance de insultar a nadie.

Ahora, más que nunca, y de lo hastiado que estamos con los atropellos de ciertas empresas o negocios, la gente, cada vez que la agreden, expresa su descontento, al exhibir la señal de la ‘C’ (de cabrón) ante cualquiera, empresa o negocio, que no gestione como corresponde. Y así, es como surge la anécdota que aquí le comparto. A saber:

Un cliente, entra a un banco con el propósito de hacer efectivo un cheque de 350.000 pesos. De salida, el dependiente del parqueadero, le hace saber que, son 5 mil pesos por el tiempo de parqueo o que debe regresar al banco para que la cajera valide la cortesía de su tiquete.

El cliente, estaciona su camioneta y entra nuevamente en el banco. De ruana y con su maltrecho sombrero de fique aún en la cabeza, se presenta ante la cajera, después de aguardar en fila unos diez minutos. Al exponer su caso, la funcionaria, le informa que, no puede validar la cortesía del tiquete de parqueo, aduciendo que, dichas cortesías, corresponden solo en aquellos casos en los que el cliente gestiona una transacción y, que la política de servicio del banco, no tipifica el cambio de cheques como una transacción.

Con expresión de perplejidad en su rostro, el cliente, le dice a la funcionaria, que le llame al gerente. La cajera, asiente, pero menciona que, el gerente, le dirá exactamente lo mismo que ella le ha expresado.

El gerente, se toma su tiempo, aunque, finalmente, emerge triunfal de su despacho y, con irritante cortesía, le reitera al cliente que, la cajera, está en lo cierto: ‘la política de servicio del banco, no tipifica el cambio de cheques como una transacción’ y, por tal motivo, no le pueden validar la cortesía de su tiquete de parqueo.

Sólo entonces, y ya bastante molesto, el cliente, a ambos funcionarios, les exhibe la ‘C’ (de cabrón) y les dice, ‘aquí están sus putos 5.000 pesos y; ahora, quiero hacer una transacción… Quiero transferir al local de al lado, los 5.600 millones de pesos que tengo depositados en su banco’.

Y eso, mi estimado, fue exactamente lo que hizo. Depositó sus 5.600 millones de pesos en el banco vecino, donde, por supuesto, validaron con gusto, la cortesía de su tiquete de parqueo.

Así pues, y como moraleja, el otrora cliente de aquel banco miope; un papero millonario de Tunja, que nunca ocultaba su procedencia, se anotó un verdadero triunfo como cliente y; el banco, se ahorró cinco mil pesos.

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