La atracción por el riesgo gobierna a quienes practican deportes extremos o al jugador compulsivo, pero no caracteriza a quienes inician un nuevo negocio. El emprendedor es, ante todo, un buscador de oportunidades más allá de los recursos disponibles: los emprendimientos no nacen de ideas abstractas ejecutadas de repente, sino de necesidades insatisfechas que se detectan en el mercado.
Las oportunidades abundan allí donde el mercado se muestra confuso: nichos cambiantes en los que el consumidor no sabe con claridad qué quiere y resulta casi imposible comparar ofertas. En ese escenario destaca la habilidad emprendedora para modificar la percepción que los usuarios tienen de determinados productos o servicios.
No obstante, el éxito de una iniciativa innovadora no responde a ninguna “hechicería”; depende de una combinación de factores personales y de negocio que los líderes deben valorar antes de comenzar. El espíritu emprendedor no consiste solo en ser más creativo, flexible o innovador; incluye comprender cómo se identifica una oportunidad y de qué manera se reúnen los recursos necesarios para convertirla en empresa.
Ilustra este punto el caso de un grupo de emprendedores que, hace poco, buscaba asesoría comercial urgente para una nueva operación basada únicamente en una evaluación de concepto. Aunque ese fue un buen punto de partida, era preciso completar el análisis con otros aspectos de viabilidad. Surge así la dificultad de equilibrar dos fuerzas opuestas esenciales: la conveniencia del cliente y la sostenibilidad del negocio. En su momento, la autoconfianza alimentó su impulso emprendedor; luego, resultó indispensable la humildad, rasgo que permite reconocer errores y corregir el rumbo a tiempo.
Todo emprendedor debería formular de forma reiterada tres preguntas clave, cada vez más relevantes a medida que el proyecto avanza:
Antes de decidir o redefinir el tipo de compañía que se aspira a construir, el nivel de riesgo asumible y la estrategia para alcanzarlo, conviene verificar si se poseen las actitudes, los métodos y las prácticas propias del desarrollo de nuevos negocios. Para ello se recomiendan los siguientes pasos:
En desarrollo de negocio todo cuenta; es un error separar la estrategia de la ejecución, pues ambas determinan el resultado del emprendimiento. Precisamente en la intersección entre ambos ámbitos, la pericia del equipo y la del asesor externo que ayuda a moldear la percepción de los usuarios desempeñan un papel decisivo.
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