Uno de los elementos más importantes en cualquier clase de comunicación en los negocios es el mutuo entendimiento. Este no es posible sin una ocasional modificación de puntos de vista. Es decir, que debe uno intercambiar posiciones con la persona con quien se habla, para así comprender cómo es que esa persona las distingue.
El mutuo entendimiento depende en gran parte de la habilidad que tenga el comunicador para hacer que la otra persona, el receptor, comprenda cómo es que el comunicador las distingue.
En la conversación, la mitad de la destreza está en saber escuchar. Esto es más que una destreza, es una aptitud. El conversador más preparado no es necesariamente el que dice más cosas y retiene por más tiempo el uso de la palabra, sino aquel que escucha más cuidadosamente y puede hacer un comentario particularmente apropiado en el momento preciso. A esa persona es a la que se le recuerda en los comités, no al aburrido acaparador de la palabra, cuyos pensamientos capta, estudia y reduce a una sola sensata observación el más raro de todos los conversadores: ¡el que escucha!
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