Si usted como yo, administra niveles excesivos de estrés por estos días, le comparto aquí un instrumento que me encontré por ahí y al que todos tenemos acceso en nuestra cotidianidad: ‘la respiración’. Puede parecer un asunto menor, pero cuando se realiza correctamente, la respiración puede marcar la diferencia entre el pánico y el aguante. Según lo conocí de un estudio longitudinal controlado aleatorio con integrantes de las Fuerzas Militares estadounidenses, la investigación sugiere que diferentes emociones están asociadas con diferentes tipos de respiración. Diga usted, por ejemplo, cuando se siente uno ansioso o enojado, su respiración se hace irregular, corta y rápida. Por el contrario, cuando uno se siente alegre o relajado, la respiración será regular, profunda y lenta. Y lo crea o no, cuando se siguen patrones de respiración asociados con diferentes emociones, empieza uno a percibir dichas emociones correspondientes. En ese orden de ideas, la próxima vez que sienta que el estrés comienza a surgir, intente cambiar la proporción de su inhalación y exhalación. Cuando se inhala, la frecuencia cardíaca se acelera. Cuando se exhala, se ralentiza. Así pues, tómese unos minutos y respire contando hasta cuatro y exhale contando hasta ocho; dicho proceder calmará su sistema nervioso y mantendrá a raya el estrés. Al ajustar la respiración, comienza uno a sentirse un poco mejor.
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