El dilema que irremediablemente embarga al consumidor colombiano cada vez que éste pretende un procedimiento en el vapuleado segmento estético.
Y es que no es para menos que tanto cuestionamiento, a la postre menoscabe la intención de compra del desprevenido postulante a reformas locativas, tal cual la credibilidad del médico como la relevancia de la intervención.
Al respecto digo que, desde el fallecimiento, luego de una rinoplastia, de la joven cantante de 19 años, Katiuska Mendoza, nieta del juglar vallenato Colacho Mendoza o el fallido intento de renovación con biopolímeros de los glúteos de la modelo Jessica Cediel, el panorama del sector permanece tétrico, aun cuando no habrán de faltar quienes opinen lo contrario y para los cuales también traigo a colación el tema de los implantes de mama chinos que ingresan de contrabando por nuestras fronteras con Venezuela o los polémicos ‘Poly Implant Prothèse’ (PIP), cuyo remplazo está autorizado en 24 instituciones, financiado con recursos del Fondo de Solidaridad y Garantías Fosyga.
Ahora y como si no bastará con lo anterior, el embuchado corre por cuenta de la publicidad del segmento. Siendo justos, son varios los anunciantes sancionados, mas en esta ocasión, considero que la marca Revertrex se lleva todos los honores, por encima de los demás anunciantes endemoniados, cortesía incuestionablemente, de la desfachatez en las declaraciones de su vocera Amparo Grisales que, desatina en afirmar que ‘si no fuera yo, quizá no habría tanta polémica’. ¡Seguro! Tal cual todos tienen el derecho a manifestar su opinión, ¿o no?
Si, quizás todos tienen el derecho a manifestar su opinión, pero el hecho no implica necesariamente que tengamos que prestarles atención. Son dos los aspectos que desacreditan a las personas como dignas de ser escuchadas:
Realmente es oportuno que, el consumidor prescinda de escuchar a aquellas personas con historial de juicio cuestionable, particularmente si éstas tampoco disponen de la experiencia necesaria que los acredite como voceros de una marca y aun cuando persistan en ejercer su derecho a opinar.
Es y seguirá siendo un despropósito que las compañías desconozcan la funcionalidad del método científico y prefieran optar por la promoción de sus marcas basados tan sólo en su instinto.
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