Cual Gangan y Gangón —“con tantas maldades que hacen, el cacique ya está medio loco”— así se manifiestan el caos logístico y el dilema estratégico, tan arraigados en la cultura organizacional que bien podrían figurar en el organigrama. Ambos surgen cuando se objeta una nueva estrategia porque nadie sabe cómo ejecutarla.
Una estrategia, por definición, debe ser ejecutable; de lo contrario, se reduce a mera expectativa. No obstante, la logística no tiene por qué estar plenamente probada o materializada en la fase de diseño. Concebir la dirección es una tarea; llevarla a la práctica, otra. Puede haber quejas sobre una logística confusa, pero estas no deberían mezclarse con una evaluación rigurosa sobre la validez de la estrategia.
La mayoría de los proyectos innovadores combinan una estrategia sólida con una logística aún utópica; aun así, suele ocurrir que, gracias a circunstancias inesperadas, esa logística acaba ajustándose y la ejecución se materializa.
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