Si se pretende, la creatividad puede interpretarse como un espacio de ideales e implicaciones zumbando por ahí entre sus límites de gestión. En ese orden de ideas y considerando que, quizás su extensión creativa puede estar en zona de caos, es oportuno aprender a restringir el alcance de dicho espacio, porque de lo contrario desencadenamos la crisis existencial del “ya nada me parece creativo”. Pasamos los de marketing y los publicistas particularmente, buena parte de nuestra carrera profesional pretendiendo el espacio creativo ideal. Y en el proceso, si ajustamos en exceso, mecanizamos la creatividad tal cual la paralizamos si pecamos por laxos. Quizás si contamos con suerte, la misma experiencia profesional nos permita identificar la manera indicada para proporcionar la debida exaltación de ciertas nociones creativas, así como suspenderlas en el momento indicado y mucho antes de llegar éstas a territorio bostezo y carentes de oxígeno. O como quien dice, seguimos procurando nuestro ingenio con polo a tierra y sin tanto “cuento”.
El efecto underdog, la psicología del rendimiento y el poder de los pequeños frente a…
Anthony Woodville y el desafío de construir una reputación que trascienda el reconocimiento El prestigio…
El envejecimiento de la población, las amenazas del cambio climático y una economía que crece…
Por qué tener metas no es lo mismo que tener un plan Pensar en el…
María Camila Rueda ha conocido el emprendimiento desde lugares distintos. Como socia de Rockstart ha…
Una oportunidad comercial no siempre empieza con una patente, una aplicación o una tecnología que…
This website uses cookies.