Cada comienzo de año trae consigo el deber de ejecutar la planificación estratégica del negocio. En mi caso, decidí para el período en curso dejar atrás la ansiedad con la que conviví los 18 años de mi trayectoria profesional como asalariado y concederle a mi gestión como técnico de marketing autónomo una percepción de éxito distinta. Al respecto, y por alguna razón, se me dio que esta podría ser una bonita historia y, por lo que aquí está.
Las empresas perciben el logro de varias maneras y la definición de logro puede variar según la industria, los objetivos y los valores de la empresa. Sin embargo, algunas métricas y factores comunes que las empresas suelen utilizar para medir el logro incluyen: desempeño financiero, satisfacción del cliente, participación de mercado, innovación y adaptabilidad, compromiso y satisfacción de los empleados, responsabilidad social y ambiental, reputación de marca, eficiencia operativa, logro de objetivos estratégicos, cumplimiento normativo.
O como quien dice, la percepción del logro es subjetiva y puede variar de un negocio a otro. Muchas empresas utilizan una combinación de estos factores para crear una visión integral de su desempeño y logros generales.
De mis días de asalariado en Pfizer, aún recuerdo un curso de habilidades gerenciales en el que, en algún ejercicio, el preparador pedía expresar nuestras emociones, pero, yo lo único que atinaba era pensar en el estrés de mi gestión como gerente de producto regional (Colombia, Venezuela y Ecuador). El preparador de aquel curso se me acercó y me dijo, “Andrés, parece estar lidiando con el asunto: ¿cuál es el sentimiento que más advierte en su gestión?” Eso es fácil, me dije, y le contesté, “la ansiedad”.
Acto seguido, me las di de aventajado y le pregunté al preparador, “y, usted, ¿cuál es el sentimiento que más percibe?” Sin titubear, dijo, el “deleite”.
Desde entonces, entendí, que existe la vida más allá del entorno empresarial de asalariado y así fue cómo prometí adoptar muchas más decisiones basado en el deleite que en las oportunidades laborales y un salario elevado. En realidad, es vergonzante que la ansiedad rija nuestra existencia.
Eventualmente, decidí emprender mi propio negocio. Fue la oportunidad que la vida me presento para lograr ser un mejor padre y esposo.
Por supuesto, mi trayectoria profesional como asalariado, fue una muy satisfactoria aventura laboral con altibajos que fueron colmados de logros y decepciones. No obstante, cuando creció la familia, se me hizo evidente que, ya no podía despreciar ese sentimiento de deleite que tanto anhelaba por andar recorriendo la senda empresarial en busca de desarrollo y un mejor ingreso.
Desde el principio de mi negocio, opté por el deleite. Nunca pretendí que mi negocio fuera una empresa monumental; por el contrario, lo mantuve pequeño para así poder concentrarme en lo relevante en lugar de andar por ahí administrando personal. Encontré clientes maravillosos que, con el tiempo se han vuelto como de la familia. La empatía personal aporta al deleite o puede acabar con él.
No tuve un plan maestro para desarrollar mi marca personal hasta lo que es en la actualidad. Sencillamente, en el trayecto, asumí mi gestión con esfuerzo, disciplina y resiliencia, y, tomé decisiones acertadas.
Ya son 14 años que tengo mi propio negocio y, a la fecha, solo me fijo en los estados financieros una vez al final del año y como para ver cómo resultó. Conozco bien el ritmo de mi negocio. Sé que el dinero fluye sin necesidad de obsesionarme por él. Así, me doy el lujo de elegir trabajar con gente que aprecio y me aporta al desarrollo del negocio
Satisfacción es una expresión con la que convivo en mi cotidianidad. De los días de confinamiento por la pandemia, recuerdo que las ventas de mi negocio decayeron sustancialmente. Fue terrible, aunque, todavía tenía mucho por el cual estar agradecido y satisfecho.
Por aquellos días recordaba a mi padre con frecuencia. Un ingeniero químico con amplia trayectoria profesional en la industria papelera. Un tipo amable, simpático y satisfecho. Disfrutaba enormemente de los wafles, un buen tazón de Corn Flakes, su juego electrónico de ajedrez, la lectura y cacharrear todo cuanto le ponían por delante.
Nunca lo escuche quejarse, ni siquiera en los momentos de adversidad, y siempre andaba sonriente: estaba satisfecho. Todavía sigue siendo mi modelo en ese sentido. Es una forma de imprimir satisfacción a mi cotidianidad.
En contravía con una de las peores citas que alguna vez le leí al recordado William S. Burroughs (“si usted no está creciendo, usted está muriendo”), ya es poco lo que me importa qué tanto se desarrolla mi negocio. En realidad, todos estamos muriendo.
En mi caso, tengo una lidia existencial con el señor Karci, aunque, igual; algunos mueren más rápido que otros, probablemente, porque están centrados en desarrollar sus negocios en lugar de desarrollar una vida memorable.
Las nuevas oportunidades de negocio siempre están ahí. Sin embargo, suelo decir que no. Si bien estoy agradecido tanto con mis clientes como con mis asociados, los nuevos niveles de actividad, probablemente, me alejaran de la satisfacción que tanto aprecio. El asunto no me trasnocha. Estoy bien.
No quiero dar la impresión de que soy algún tipo de maestro espiritual que se la pasa meditando todo el día. Le impregno esfuerzo, disciplina y resiliencia a mi labor en el negocio, y, me encanta cada minuto que paso allí. Igual, me divierto de lo lindo.
La relación entre la retribución económica (que a menudo implica consecuencias financieras por las acciones) y el propósito comercial (la misión y los valores más amplios de una empresa) es compleja, y su impacto en el desarrollo empresarial puede variar según el contexto y la industria. Ambos elementos desempeñan papeles cruciales en el éxito general y la sostenibilidad de una empresa.
Para mí, el balance entre el trabajo y la vida es claro: la vida. Es solo cuestión de elegir las prioridades.
En últimas, tenga presente que, la fase de la vida en la que actualmente me encuentro puede ser distinta a la suya. A mí me tomó 18 años lograr la autonomía y, otros 14 años desarrollar y consolidar mi marca personal.
El desarrollo profesional puede conceptualizarse como una serie de etapas por las que las personas suelen atravesar durante su vida laboral. Diferentes modelos pueden describir las etapas profesionales de distintas maneras, pero yo me guie por cinco etapas en particular.
Si le interesa conocer cuáles son, deje un comentario al pie de esta entrada. Hasta la próxima.
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