El drama experimentado por todos aquellos que trabajan en publicidad. La hiriente, implacable y devastadora pregunta: ¿la hiciste vos? Y la eterna inmutable respuesta: ¡no, esa no la hicimos nosotros! Sin embargo, pareciera que el ego del publicista permanece intacto a la espera de ese brevísimo instante de magistral inspiración que lo consagrará en el Olimpo creativo. Cierto, por estos días la publicidad entretiene, sin embargo, ¿acaso no era otro el propósito de la publicidad?
—’La que me encanta, ¿la hiciste vos?’ —’¡No, esa no!’
En lo particular y como a muchos, me seducen los mensajes que venden, es decir, toda aquella propaganda creativa que genera transacción. Ante todo, aquella creatividad capaz de sostener el retorno sobre la inversión [ROI], aunque una que otra carcajada tampoco están demás, pero primero lo primero. Todo lo demás es superfluo para mi.
Y usted, ¿es de los que se desmoraliza con facilidad?
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