¿Estarán obteniendo las marcas verdadero provecho de las redes sociales?

Ayer en una entrevista en alguna emisora le escuchaba decir a una candidata presidencial que, ‘los medios de información son la fuente de desinformación más evidente que existe en la actualidad’. En lo particular, estimo que el mencionado personaje está en lo cierto. A saber, y cuando se estima que todos los días la audiencia funge de jurado mientras en simultánea, propios y extraños (incluidos los mercadólogos) se desviven por exhibir su ‘opinión’ según el auge de la tendencia del momento o aquella temática que genere mayor polémica entre la muchedumbre (diga usted, por ejemplo; las rotaciones de algún director técnico de fútbol) es, entre otros, la razón por la cual se me da que, las redes sociales se han convertido en un limbo de incertidumbre en las que ya no estoy tan seguro si las marcas podrán obtener verdadero provecho para su imagen y posicionamiento o, para su gestión comercial.

El quid del asunto, es que nadie conoce el desenlace de esta ‘narrativa social’ en la que la ‘privacidad’ de los datos de la audiencia sigue siendo una amenaza latente para el posicionamiento de porvenir público de las redes sociales.

En ese orden de ideas, los mercadólogos que gestionamos la identidad de las marcas procurando su bienestar, entendemos que el beneficio real de las redes sociales está en su capacidad para rastrear la interacción del consumidor, como para así ‘agilizar’ y ‘facilitar’ el entendimiento, como la habilidad de predicción de expectativas y necesidades (intención de compra).

Sin embargo, trazar el límite entre la personalización rentable y la manipulación tipo ‘Gran Hermano’ sigue siendo un asunto bastante difuso y complejo.

Razón por la cual se me da también que, tan solo unos cuantos usuarios son verdaderamente conscientes de lo invasivo y la proximidad con la que se les monitoriza y lo mucho que las marcas los tiene presente a la hora de su interacción en línea, a pesar de tanta declaración de privacidad de letra menuda que aparece en las pantallas de sus dispositivos.

Es cuando se navega en línea que, se hace evidente el conflicto de interés entre la susodicha realidad y la misión de ‘privacidad’ declarada por todas las plataformas de redes sociales en las que afirman:

‘Pretender conceder a todos la potestad de concebir y compartir ideales como información en tiempo real y sin parapeto alguno’. Así mismo, y como si se tratara de su negocio o de sus ingresos, las marcas siempre serán fieles a la susodicha misión, so pretexto de pretender enriquecer la noción de conversación global ‘sin costo alguno’.

En mi opinión, el interrogante sobre si podrán o no las marcas obtener provecho de las redes sociales sigue vigente en el entorno de mercado. Es más, el asunto se hace cada vez más complejo al considerar que, el consumidor conoce ya lo expuestos que están sus datos personales y lo invasivos que pueden ser los procesos con los que las marcas monitorizan dicha información y; eso sin mencionar lo enredado de las explicaciones que ofrecen las marcas cuando el consumidor pregunta por el significado de ‘sin costo alguno y sin parapetos’. O como dice el ciego, ‘ya amaneció’, así el desenlace aún esté por verse.

Puede ser que los mercadólogos se den sus mañanas para sacar provecho de las redes sociales, puesto que el ingenio humano no tiene límites, o por el contrario; también puede ser que la interacción como la conversación digital entre compadres y comadres excluya de la ecuación a la narrativa comercial de las marcas. Mientras tanto y por si acaso, tenga presente que, ‘no hay peor ciego que el que no quiere ver’.