El moribundo oficio del marketing de inspiración y fantasía

Pueda ser que usted también alguna vez haya escuchado que el marketing del bueno se encuentra en los terrenos de la inspiración y la fantasía, la ciencia y el entendimiento. En mi experiencia, mucho de aquello es cierto, aunque recientemente, la evolución en el oficio de mercadólogo se apoya en cualquier cosa menos en la inspiración y la fantasía. Esta noción se me vino a la mente, al recibir una solicitud para registrar una encuesta en la que me preguntaba por piezas promocionales vendedoras que hubieran captado mi atención.

Después de mucho meditar, concluí que ninguna pieza de las que vi en mi cotidianidad para los últimos quince días había llamado mi atención. Ninguna de las piezas logró que me interesara por el ‘llamado a la acción’, el remitente, o cualquier otra acción que me llevara a conectar con el anunciante.

Al respecto, los anuncios de hoy dejan mucho que desear con relación a los de tiempo atrás, particularmente, los comerciales de televisión. Por estos días, parece que la premisa de la publicidad dejó de ser la venta para transformarse en entretenimiento.

¿Ofrece la publicidad contemporánea algo de valor para el consumidor? ¿Será que la ciencia y el entendimiento opacó a la inspiración y a la fantasía en la gestión de marketing? ¿Acaso con tanto dato disponible estamos más confundidos que nunca?

Ciertamente, los datos y las percepciones del consumidor se apoyan en índices de gestión prácticos, factibles, de costos, y fundamentados en el retorno de la inversión para cualquier actividad de marketing.

Métricas de control todo terreno, salvo para aquellos resultados que impliquen inspiración y fantasía.

Otra barrera que afronta el marketing de inspiración y fantasía es la alta dependencia de los procesos automatizados con los que se sesga el espacio para reflexionar, contemplar, e intercambiar nociones que aporten a la inspiración como a la fantasía. Pareciera que cada interacción del mercadólogo está sujeta a las horas y el costo de su gestión, lo que en buena medida va en contravía del marketing de inspiración y fantasía.

No es que esté en contravía de la ciencia que abarca grandes volúmenes de datos. Por supuesto que no. Tampoco estoy en contra del desarrollo de procesos y vínculos. Sin embargo, debo aceptar que soy un promotor empedernido de aquellos espacios que conceden al mercadólogo el tiempo, los recursos, y las oportunidades para gestar aquel marketing de inspiración y fantasía.

Sin ánimo de ofender a los fanáticos del marketing por resultados, permítame asegurarles que lo mío también es la gestión de marketing para apoyar al departamento de ventas, y a las marcas en sí. Me intereso por desarrollar y consolidar marcas y negocios saludables. Y por supuesto, considero que le desarrollo se da mejor cuando empleamos el entendimiento y las nociones de marketing para impulsar nuestra gestión hacia la inspiración y la fantasía.

Dicha transformación es factible, aunque requiere de predisposición y esfuerzo consecuente.

Así pues, la próxima vez que me soliciten registrar una encuesta que indague sobre aquella publicidad que vende en realidad, espero percibir mucha más piezas memorables que inciten al compromiso de marca porque fueron concebidas sobre la premisa del marketing de inspiración y fantasía.