Bullicio publicitario genérico

Es con nostalgia que percibo cómo la publicidad, así como la promoción de marca del presente ha perdido relevancia, impacto y el glamour de otros tiempos. Fueron otras épocas la del encanto publicitario en el que se advertía con gusto la labor creativa de consumados publicistas del talante de David Ogilvy o Draper Daniels, Director Creativo de Leo Burnett en Chicago, por allá en la década de 1950. Sí, desde mi óptica como mercadólogo, los publicistas contemporáneos andan en otro cuento. Es así que, en vez de proveer contenido sugestivo, cautivador y relevante, sus mensajes rayan en lo genérico y estéril. Cierto, estos son tiempos de tribus urbanas, redes sociales, marketing de contenidos, compras en línea, ‘big data’, y demás galguerías del marketing digital. De lo que se percibe por ahí, es evidente que la publicidad ha perdido la relevancia en los mensajes; los publicistas han perdido su toque ganador y el contacto con lo ‘terrenal’. Las marcas ocupan los espacios publicitarios para alardear de su próxima gran innovación, aun cundo solo resulten en ‘mejoras funcionales’; o para saciar los vacíos que se presentan en algunos esquemas de distribución. Así pues, y como quien dice por ahí, ‘quizás todo tiempo pasado sí fue mejor’.