En defensa del marketing como corresponde

En una época donde el porvenir de los negocios es caótico en su máxima expresión, tal cual los obstáculos se encuentran por doquier. Un entorno en el que confluye la diversidad generacional con el frenesí tecnológico y, las exigencias para prosperar están a la orden del día: adaptabilidad, gente multitalentosa de mente dispuesta a adoptar la inestabilidad, como a tolerar y disfrutar el re-entender de la profesión, el modelo de negocio y las presunciones de mercado.

Tengo fresquito en la memoria el día en que tomé la alternativa en estas lidias como mercadólogo a finales de la década de los ochenta; Ogilvy & Mather la plaza y, Michael Laurence el mentor.

Recuerdo cómo mi mentor sin despelucarse (bueno, quizás un poquito), concebía estrategias efectivas para los clientes, coordinaba la inversión del presupuesto, preparaba presentaciones de campaña, resolvía inconvenientes, revisaba y aprobaba la facturación, preparaba presentaciones para nuevos negocios, analizaba la competencia y el entorno de mercado, almorzaba y cenaba con los clientes. Esto y mucho más, solo para decir apaciblemente a sus clientes que, todo saldría de maravilla.

Jijuele, recuerdo que yo le preguntaba cómo hacía para que le rindiera un montón. ‘No es gran cosa’, solía contestar.

Después de todo, por estos días de delirio social en las redes, resulta que sí era gran cosa, aunque recién empiece a percibir el valor de la lección que por aquel entonces pretendió mi querido mentor transmitir. Encaja por completo. La transparencia, la honestidad y las relaciones solidarias, conllevan significado, fortuna y desarrollo para el negocio como para la existencia.

Michael Laurence veneraba la publicidad, aunque no como un fin sino como un medio. La publicidad era la forma con la que se conectaba con la gente. Lo impulsaba la necesidad de sus clientes, no su ego ni la alharaca del entorno competitivo.

La agencia por ese entonces, terminó convertida en una especie de templo sagrado, a la que acudían clientes de todos los calibres para resolver sus incógnitas. Asumirlas como propias, resguardarlas y ser su consejero de confianza, fue el propósito de mi mentor.

Cada vez que estimó que podía utilizar sus conexiones, así como su experiencia para ayudar a los clientes a ahorrar tiempo, dinero y el ‘malestar’, así lo hizo. Profundizaba cada vez más sus relaciones comerciales, agregaba valor, nuevos servicios, recursos y suministros. No escatimaba. Todo por ver satisfechos a los clientes.

Al enfocar continua y creativamente su gestión en los asuntos relevantes del cliente, agregó valor, así como significado a la razón de ser de su negocio que, es mucho más de lo que puedo decir a favor de la realidad del ‘social media marketing’. Lo propio puede hacer usted como mercadólogo que se respeta. ¡Suerte en su empeño!