¿Qué tanto puede uno realizar en un día?

La mayoría de nosotros sobrecargamos nuestra jornada laboral, solo para descubrir una relación de quehaceres pendientes sin concluir al final del día. Así entonces, ¿cómo puede uno librarse de este concepto fantástico que nos hace decepcionar a los demás, no cumplir con los plazos, sentir agotados y malgastar la inspiración? Como contribución, le comparto que descubrí mientras realizaba la planificación estratégica de mi negocio, que para tener una idea realista de cuánto tardarán sus proyectos actuales y futuros en completarse (y cómo priorizarlos), debe uno empezar por revisar los proyectos principales del período inmediatamente anterior: ¿Cuáles fueron preconcebidos y cuáles fueron consecuencia de la oportunidad? Esta auditoría autoimpuesta le ayudará a tener una imagen más realista de cómo se completará su calendario venidero. También lo ayudará a priorizar lo más importante de su lista de quehaceres pendientes y renegociar el resto diciendo que no es tan significativo, reduciendo las expectativas o solicitando la colaboración de algún colega o subalterno. Eso sí, es fundamental que deje usted de pretender que la próxima vez que se encuentre en semejante atolladero será más sencillo de solucionar. Dicho optimismo puede ser contraproducente, dejándolo en riesgo de quedar corto con el cumplimiento de la totalidad de sus quehaceres programados. Prefiere siempre la alternativa de elaborar sus quehaceres con más tiempo, no menos. Por último, busque oportunidades para desarrollar la capacidad de realización de su equipo y delegue cuando pueda. No siempre es necesario que todo lo haga usted mismo.