Así puede uno sobreponerse al rechazo

Por estos días de rechazo y negación en el entorno profesional o hasta en el personal, he percibido una paradoja en la respuesta de la humanidad al extremo rechazo. Para la muestra, diga usted, por ejemplo, la actitud asumida por el ‘presidente’ Donald Trump como consecuencia del resultado electoral del pasado 3 de noviembre.

En mi opinión, la gente (no sé si como secuela de la ‘nueva normalidad’) está tendiendo a personalizar el rechazo en lo extremo, en ocasiones, hasta el desgaste, seguido de un incansable redoblamiento de sus esfuerzos por superarlo. Y en ambos extremos, advierto cómo la gente pierde oportunidades para el desarrollo y la asimilación.

En ese orden de ideas, competir por una promoción o una nueva oportunidad laboral significativa, vender ofertas costosas o presentar ideas relevantes a su superior, socio o colegas, o inclusive, hasta las relaciones interpersonales son todas situaciones potenciales para un rechazo representativo.

De una experiencia reciente de retroceso y el material didáctico consultado, a continuación, relaciono algunas tácticas que me ayudaron a superar la inclinación a internalizar, y a encauzar como corresponde mi verdadero potencial de valor para así lograr percibir desconocidas apreciaciones sobre mí y los triunfos que me aguardan en el porvenir.

Comprender el papel de anticipar— Las personas exitosas a menudo están condicionadas a suponer resultados positivos. Visualizan grandes resultados, se mantienen optimistas frente a las altas probabilidades y, a menudo, son recompensadas por su tenacidad, como por nunca darse por vencidas.

Cuando nuestro cerebro anticipa un resultado anhelado, podemos percibir como si el logro ya se hubiera alcanzado. Pero este tipo de anticipación puede alimentar un falso sentido de seguridad, oscureciendo la objetividad sobre cómo van las cosas realmente.

Visualizar el logro es una herramienta útil para inspirar a los equipos y mantener el enfoque en algún determinado objetivo. La clave es nunca permitir que lo que uno visualiza se convierta en expectativa, o podría estar preparándose para una pena monumental por si acaso el asunto en cuestión no resulta como se esperaba.

Admita la pena, pero sin victimizarse— Cuando se trata de una pena por algún tipo de rechazo, muchas personas exitosas acostumbran a relegarla o exagerarla, ninguna de las cuales es productivo. Lo primero que debe hacer con la pena es permitirse padecerla. La angustia del rechazo es una señal de que está sufriendo la pérdida de algo que deseaba desesperadamente. Si reprime el dolor, solo regresará en una forma potencialmente destructiva más adelante, diga usted, por ejemplo, beber en exceso, arrebatos de ira, incitar a la insurrección, o tomarse el Capitolio a la fuerza.

En el otro extremo, el dolor excesivo a menudo se manifiesta como culpa o preponderancia.

Encontramos defectos en la persona que toma las decisiones o en aquellos en quienes confiamos para obtener ayuda. Nos volvemos sarcásticos o despectivos hacia el éxito de los demás, sintiéndonos como si nos hubieran estafado. Estas resoluciones victimizadas pueden asentar nuestra pena, haciendo que sea más difícil seguir adelante.

Reconocer la pena denota nombrar razonablemente aquello que nos frustra haber perdido. Esto es especialmente efectivo cuando se hace en compañía de un aliado de confianza que escuchará en silencio sin necesidad de disuadirnos de nuestro dolor o pretensión de ‘solucionar el asunto en cuestión’. Un rechazo no implica el fin de alguna expectativa, puede asumirse como un mero retraso. Una vez que hayamos abordado la pena emocional de una manera provechosa, podremos centrar nuestra atención en aprender lo relevante de la experiencia.

Asimile con moderación— Sin discusión, existen lecciones relevantes que puede uno extraer del penoso rechazo y que podremos aplicar para nuestros esfuerzos venideros. Con nuestras emociones bajo control, puede uno percibir más objetivamente qué papel jugamos en una decisión que no salió como esperábamos. Cuando sea factible, solicite retroalimentación sobre lo que podría haber hecho mejor de aquella persona que tomó la decisión adversa para usted. La gente suele estar dispuesta a ser honesta cuando la solicitud de superación es sincera.

A las personas exitosas les encanta tener un ‘trompo de poner’, un contendor digno que les impulsa a prosperar.

Sin embargo, después del rechazo, nuestras comparaciones se distorsionan, consolidando nuestra amargura, perjudicando el aprendizaje y haciéndonos incapaces de apreciar los talentos de los demás con los que nosotros no contamos. El proceso de reflexión después del rechazo debe centrarse en dónde puede uno mejorar, no en cómo ser mejor que otra persona.

Encuentre el coraje para prosperar— En ocasiones, el rechazo revela áreas en las que aún tenemos que madurar. Diga usted, por ejemplo, si ya está uno predispuesto a dudar de sí mismo, o tiene un crítico interno severo que transmite nuestra insuficiencia, los momentos de rechazo nos inflamarán. Así entonces, aproveche la oportunidad para descubrir los orígenes de dichas voces nocivas.

Después de gestionar la pena como corresponde y asumir las lecciones valiosas que deja el rechazo, queda solo un aspecto por abordar:

Tenga el gracejo de soltar todo lo demás— Los momentos de rechazo están plagados de factores fuera de nuestro control. No obstante, en medio de la confusión y el dolor, buscamos respuestas que sencillamente no existen. Las razones detrás de la decisión de una persona que emite un dictamen para ‘no contratarnos o ascendernos’, ‘adjudicarnos un contrato’, ‘adoptar nuestra idea’, o ‘abandonar una relación sentimental’ pueden ser numerosas, muchas de las cuales no tienen nada que ver con nosotros. Una vez que hemos procesado las realidades emocionales y prácticas del rechazo, es hora de concedernos benevolencia y simpatía.

Habiéndonos comprometido con las mejoras que legítimamente podemos asumir, debemos absolvernos a nosotros mismos por nuestras deficiencias, dejando de lado cualquier necesidad de controlar aquello que no podemos gobernar. Precisamos regresar a un entorno de gratitud por los talentos y oportunidades con los que contamos, y no regodearnos en la decepción de aquello que no disponemos.

El rechazo es una de las experiencias más penosas de la existencia, particularmente, si está acostumbrado a tener éxito. Aunque no tiene por qué ser debilitante. Más allá de la decepción del rechazo, existen lecciones y desarrollo aguardándonos, claro está, si encontramos el coraje y la humildad para descubrirlos.

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