Al que gestiona le toca como al hombre orquesta

La del ‘hombre orquesta’ es una de mis analogías favoritas en cuanto a gestionar se refiere y, aquí el asunto es independiente de la posición, pues se puede ser volante de creación, gerente de marca, gerente de cuentas, o gerente de mercadeo que, lo mismo da.

El lograr que una variedad de colaboradores alinee su personalidad en torno a una sola visión, es una de las funciones clave de aquel que gestiona. El que gestiona se la pasa en esas constantemente, tanto a nivel interno como por fuera del equipo.

Sin embargo, el tema va más allá de los números, las personalidades disimiles, y el raciocinio de cada uno de los miembros del equipo; pues en semejante entorno, es factible que a los laterales les gusta que el director técnico les diga dónde equivocaron la salida, mientras que a los delanteros les basta con un poco de motivación.

En ese orden de ideas, al volante de creación le toca gestionar constantemente con personas de distinta índole como de raciocinio diverso, por lo que es fundamental para su labor saber cómo dirigirse a cada uno de ellos.

Adicionalmente, es imposible solucionar alguna circunstancia o motivar a los colegas si no se ha prestado la debida atención. El que gestiona tiene la responsabilidad de ser directo y franco en su comunicación con los demás miembros del entorno, particularmente, con aquellos que comparten camiseta; aunque, si solo se limita a escuchar sin comprender, le va a quedar muy difícil comprometer a la totalidad del onceno según lo exijan las circunstancias.

Para el efecto, no existe una formula universal de gestión que pueda aplicarse a criterio, a pesar de que existen ciertos patrones básicos que pueden identificarse. Así entonces, el tema tiene que ver más con el individuo, con su personalidad, y con su estilo de liderazgo.

De hecho, y así como el volante de creación, o el gerente de marca, o el gerente de cuentas, o el gerente de mercadeo, el ‘hombre orquesta’ también debe dirigir.

En lo profesional, el ‘hombre orquesta’ dirá muy poco a su equipo porque sus integrantes sabrán justificar la habilidad futbolera de cada quien a través de sus gestos. No obstante, es fundamental para el desempeño en la cancha, percibir e interpretar todos y cada uno de estos gestos. Así entonces, el ‘hombre orquesta’ tiene que pensar y actuar constantemente antes de cada jugada para que sus compañeros de camiseta tengan el tiempo de reaccionar. Sus movimientos no solo deben ser sincronizados, sino que deben anticipar y dirigir cada jugada.

Jugar al fútbol es moverse al compás del equipo. El volante de creación debe conducirlo y dirigirlo.

Sin embargo, y como era de esperarse, la analogía tiene un par de vacíos.

En primer lugar— el ‘hombre orquesta’ es en esencia el responsable del desempeño del equipo, aunque, no significa esto que sea el responsable exclusivo, ya que los demás jugadores comparten el terreno de juego y se hace evidente, diga usted, por ejemplo, cuando el central hierra el despeje o, le anulan el gol al delantero porque estaba en fuera de lugar. Si el equipo pierde el partido, la hinchada los responsabilizará a todos; quizás, a unos más que otros, pero todos llevarán del bulto. Pero, por si acaso no me cree, pregúntele entonces, a Lionel Andrés Messi Cuccittini y a los otros doce que vistieron ayer la camiseta del club azulgrana (Ter Stegen, Semedo, Piqué, Lenglet, Jordi Alba, Sergi Roberto, Sergio Busquets, F. de Jong, Vidal, Luis Suárez, Fati, y Griezmann), ante el arrollador FC Bayern München en el Estádio do Sport Lisboa e Benfica, por cuartos de final y eventual eliminación de la UEFA Champions League.

El volante de creación es en última instancia el responsable del desarrollo del partido, aunque definitivamente, no puede ser el único responsable.

En segundo lugar— el volante de creación, o el gerente de marca, o el gerente de cuentas, o el gerente de mercadeo, no se han instruido en ‘creatividad’. Sencillamente, se han limitado a formarse impecablemente en la función que actualmente desempeñan.

Dicho esto, han de tener en cuenta que, en ciertas ocasiones los equipos más pequeños no tienen ‘hombre orquesta’, puesto que son lo suficientemente íntimos como para que los jugadores puedan comunicarse entre sí.

En últimas, y si la función del volante de creación, o la del gerente de marca, o la del gerente de cuentas, o la del gerente de mercadeo, se redefiniera más, valdría la pena cuestionarse si, ellos aportarán las correspondientes mejoras al desempeño del conjunto o si, por el contrario, el equipo se desempeñaría igual de bien sin contar con ellos en la alineación.

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