¿Cómo lidiar con el desgobierno?

Soy un mercadólogo enfocado en las necesidades del consumidor y, no pretendo fungir de politólogo ni de analista de la gestión administrativa del gobierno Duque, aunque como orgulloso colombiano que soy e inquieto por el porvenir de nuestro país, sí me reservo el derecho a opinar de cara a las repercusiones suscitadas por el Paro Nacional del pasado 21 de noviembre y, como consecuencia, en buena medida, del desgobierno manifestado por el presidente Duque; la falta de liderazgo, el silencio cómplice y la incompetencia de ciertos miembros de su gabinete, el partido de gobierno, y la oposición; particularmente, la oposición, pues tal como lo percibo, todos, absolutamente todos sin excepción, son una partida de politiqueros oportunistas que, así como van, nada bueno nos van a dejar a los colombianos.

En ese orden de ideas, empiezo por resaltar dos opiniones que considero acertadas entre tanta incertidumbre. Una de ellas, la que Thierry Ways plasma en Milagros como el clip, donde sugiere que, “los latinoamericanos somos un pueblo en exceso politizado; creemos, erróneamente, que los cambios sociales que valen la pena proceden principalmente de la política…” “Quizá porque hemos aportado tan poco al progreso de la humanidad, nunca aprendimos en carne propia que las mayores transformaciones sociales no nacen de las marchas y las arengas, sino del ingenio y el comercio…” “No me atraen las marchas, ni la de hoy ni ninguna. Porque, para un ciudadano corriente, como yo, los alcances de la acción política son mediocres comparados con los de la ciencia…”

La otra, la que Eduardo Posada Carbó expresa en ¿Autopsia prematura?, donde comparte algunos aprendizajes aleccionadores que le dejó la lectura de Cómo mueren las democracias, el libro de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, dos politólogos de Harvard, en el que, entre otros: “Ayuda a derrumbar el mito de la ‘excepcionalidad’ norteamericana, hasta cuestionar el mismo ‘modelo’. Y sirve para apreciar los procesos de erosión democrática que parecen ocupar cada vez más espacio, un fenómeno de preocupantes dimensiones globales…” “Su punto de partida es la distinción entre clásicos golpes de Estado y las acciones tomadas por quienes, elegidos en el poder, desmantelan poco a poco la democracia hasta dejar solo visible su caparazón. Es otra forma, “menos dramática pero igualmente destructiva”, de acabar con las democracias. Ejemplos abundan: en Venezuela y Perú, Hungría y Polonia, Rusia y Ucrania…” “El problema comienza en la urna electoral, de donde los potenciales verdugos reciben legitimidad. ¿Cómo reconocerlos de antemano? ¿Es posible evitar que lleguen al poder?…”

Ya con dichas opiniones como antecedente, procedo a responder cómo, en mi criterio, puede hacer la población civil para lidiar con el desgobierno del presidente Duque, considerando que su ausencia puede generar sentimientos de alienación, insatisfacción social y hasta estrés.

Los presidentes ausentes representan lo extremo y lo peor del liderazgo tipo, “dejen hacer, dejen pasar”. Coexistir en una administración que está efectivamente ausente presenta un dilema único.

Aquí, mis cinco sugerencias para no sucumbir en el intento:

Determine si alguien más percibe lo mismo que usted— Converse con sus colegas, familiares o conciudadanos para determinar cuál ha sido la experiencia de ellos con el presidente Duque. Es factible que perciban lo mismo que usted. Así mismo, debe uno cuestionarse si, existen circunstancias atenuantes que hayan contribuido al comportamiento del mandatario. Aunque dicho interrogante no resuelve el inconveniente de un presidente lejano, sí puede ayudar a hacer que una situación desafiante se perciba más sencilla si, entiende uno que el asunto no es personal. Y si por casualidad, diga usted, senador Petro, descubre que el asunto es solo con usted, estará usted de acuerdo que dicha información le será de gran utilidad.

Presente solicitudes claras y específicas al jefe de estado— Para llamar la atención del presidente Duque, envíe sus solicitudes con un llamado de atención en el asunto, en mayúsculas y más o menos por estas líneas: REQUIERO SU RESPUESTA. En el cuerpo del mensaje, puede usted incluir algo por el estilo de, “solicito con la mayor brevedad posible, revise y apruebe usted las solicitudes de la población civil antes del próximo viernes o no lograremos cumplir dichas expectativas”.

Así mismo, deberá usted ser persistente en el seguimiento. No pretenda que el asunto quede resulto con la mera solicitud. Sea oportunista y exponga su caso cada vez que en persona vea al presidente Duque.

Asuma el vacío— La población civil odia el vacío, así que vea cómo puede usted aprovechar esta oportunidad para asumir un mayor nivel de responsabilidad y perfeccionar sus habilidades de liderazgo. A medida que asuma el liderazgo, mantenga informado al presidente para así validar las respectivas decisiones para seguir adelante.

Desarrolle su red interna— Elabore alrededor de sus relaciones internas. Cuando se tiene mentores o patrocinadores al interior del gobierno, es mucho más probable que escuche usted diversas oportunidades potenciales (y cuente con promotores cuando se llegue el momento).

Estar preparado para explorar otras oportunidades laborales— Renunciar cuando se tiene un presidente flojo puede parecer difícil por múltiples razones. Sin embargo, si ha hecho usted todo lo posible para salvar la situación, puede ser el momento oportuno para buscar oportunidades en otras tierras.

Si por casualidad o elección popular, le toca a usted lidiar con un presidente ausente, la desafortunada realidad es que dependerá de sí mismo para corregir la situación. En el entorno político, aquellos que son promovidos a puestos de liderazgo no siempre son los indicados para administrar a la población civil. Confiar en que el presidente Duque cambie, probablemente sea una pérdida de tiempo.

Así pues, acepte sus emociones al respecto, y procure impregnar mayor energía para emplear las susodichas estrategias a favor de alcanzar éxito en su papel como ciudadano. Y si eso no le funciona, ponga toda su energía en encontrar una posición que le brinde una oportunidad realista para prosperar.