Muestre pues al líder

Se habla por ahí tanto de liderazgo que el tema en ocasiones a uno hasta lo embarga; en mi caso, como consecuencia de los múltiples ángulos que tiene el asunto. En ese orden de ideas, al respecto recién encontré una referencia sensata y comprensible en la que el experto sugiere que el líder no nace, sino que en cambio se hace o surge, como quien dice. Así pues, el susodicho personaje califica la mencionada declaración como ‘el potencial que tiene el individuo para mejorar la efectividad tal cual la sostenibilidad del liderazgo’.

No obstante, también afirma que un modelo de ‘coaching’ por sí mismo no puede de la nada hacer florecer a un líder. En cambio, sugiere que el liderazgo surge cuando el individuo se apropia de alguna acción o entidad en particular. Es decir que, ‘la propiedad’ es la condición imperativa para dominar el liderazgo. El asunto se explica más o menos así:

El experto en referencia es el doctor Ian Weinberg, un neurocirujano sudafricano en pleno ejercicio y, el tema en cuestión lo leí en su libro, ‘Leading with Conscious Awareness’.

Entre lo más relevante que encontré, parece que son dos las variables operativas más constantes en cuanto al liderazgo emergente: 1) propósito y autoestima; 2) autonomía. Es decir que, debe existir una ‘meta’ o ‘propósito’ para así asumir el reto del liderazgo; como que la ‘autoestima’ y la ‘confianza’ en sí mismo son esenciales e imprescindibles para echar a andar (impulsar) el proceso.

Naturalmente, el sostenimiento del líder en su función de liderazgo requiere otros tantos componentes necesarios. Entre otros, la ‘retribución personal’, el ‘sentido de logro’ y la ‘contribución de valor’ (producir algo mejor de lo que era antes de comprometerse con el emprendimiento).

De su investigación, el doctor Ian Weinberg definió dichos parámetros en un contexto de cinco componentes esenciales, incluidos los susodichos:

  1. Curiosidad, alcance, y propósito.
  2. Autoestima y autonomía.
  3. Retribución (retribución por compromiso y retribución por dominio de la tarea).
  4. Logro (logro pretendido y logro alcanzado más allá de lo pretendido).
  5. Contribución de valor (producir algo mejor de lo que era antes de comprometerse con el emprendimiento).

El doctor Weinberg sugiere que, estos elementos pueden considerarse como el fundamento universal sobre el cual se basa el liderazgo efectivo. Sin embargo, existe un territorio que puede representar un reto, aunque al asumirlo proporciona acceso de entrenamiento para mejorar el posicionamiento de la marca en cuanto al liderazgo, impulsándola hacia la grandeza y hasta el nivel de visionario.

El reto en cuestión se basa en el miedo. Es decir, el ‘temor a la pérdida’ y/o el ‘temor a perder el reconocimiento y los respectivos elogios que lo acompañan’.

De este territorio emerge un líder excesivamente controlador como insensible a los matices de los demás y al medio ambiente en general.

Este líder es impulsado por su propia satisfacción y, por lo tanto, por su propio interés, a menudo a expensas de los demás. Por su naturaleza, este estilo de liderazgo carece de conciencia y sensibilidad del medio ambiente y, en consecuencia, es limitante.

De allí se desprende que, si se aprende el componente de la sensibilidad, la calidad y la sostenibilidad del liderazgo podrían mejorar considerablemente.

La intervención al respecto se fundamenta en neutralizar el miedo excesivo y, por lo tanto, liberar cierto potencial de compromiso para otros elementos de la dinámica predominante.

Este proceso se logra mediante la implementación de la delegación de actividades. Una vez superado este obstáculo, el compromiso facilitado con otras personas y entidades en la dinámica conduciría a una mayor conciencia y, en consecuencia, a la sensibilidad.

La transformación puede ser impulsada al incorporar el componente de ‘sensibilidad’ dentro de la categoría ‘logro’. Sin embargo, a la postre, este componente de mejora se incorpora en la ‘contribución de valor’, haciendo que uno mismo, los demás y el entorno en general sean mejores de lo que eran antes de comprometerse con el emprendimiento.

El componente que separa a los ‘grandes líderes’ de los ‘líderes visionarios’ es el saber integrar al asunto un sentido de gratitud.

La gratitud refleja un reconocimiento de que existen fuerzas e influencias mayores que uno mismo y sobre las cuales tenemos poco control y, así el estado mental que emerge es uno de sensibilidad como de servicio frente a la propiedad y la responsabilidad personal.