Que marketing asuma de nuevo el control

Es común por estos días de frivolidad digital en las redes sociales, las trifulcas y las gazaperas en Twitter, la fama de los influyentes que pululan al por mayor (particularmente, aquellos autoproclamados como tal), las tendencias de moda, así como una especie particular de publicista que, dice ser interlocutor de extraterrestres. Sin embargo, más allá del caos, la emoción, la montonera y la hipérbole, no siempre parece que,

El ritmo de transformación sea tan ágil como creería uno en el entorno del emprendimiento. Tal vez sean los largos ciclos de desarrollo, o podría ser que estemos al borde de tocar fondo de lo que es posible realizar en la ciencia material, o tal vez sea solo una falta de ambición e imaginación.

En cualquier caso, para la muestra de emprendimiento exitoso, los influyentes ponen de manifiesto ‘deslumbrantes’ servicios de transporte público (elija usted el vehículo de su preferencia), los servicios de mensajería (sin prestaciones sociales), o la venta al detal en línea, por lo demás. Aunque, estoy convencido de que en otras áreas como la medicina, sí existen emprendimientos de mayor trascendencia pero de menor sonoridad para las redes sociales.

Dicho pues así, año tras año, no parece estar el emprendimiento exigiendo los límites de la tecnología o el desarrollo creativo, sino más bien presentando nuevas combinaciones de cosas existentes. Algo así como esmerarse dentro de un paradigma, otorgando sentido a lo que ya existe o, como quien dice, mezclas y convergencia novedosas, pero hasta ahí no más.

Ya es hora de que la gente de marketing tome atenta nota. Que los mercadólogos asuman de nuevo el control de una vez por todas.

Por costumbre, el marketing en la era industrial fue siempre la última parte del proceso de fabricación: ‘Mire lo que hemos hecho, ahora mijos, salgan y encuentren un cliente’.

Y, por estos días, se nos sugiere que aprovechemos la información basada en datos, ya que podemos hacer un seguimiento de la demanda y, hasta percibir las tendencias y la intención de compra del consumidor más rápido, preciso y enriquecido que nunca. Sin embargo, ¿acaso consideran los emprendedores producir algo que la gente realmente anhele?

A mí se me da que, con el emprendimiento ocurre algo parecido como lo que se da al interior del departamento de investigación y desarrollo: científicos de batas blancas empoderados para competir entre sí. La cuestión allí es de presupuesto, no de imaginación. Los billetes son su mayor atributo, no su mayor beneficio. Por lo general, se la pasan en I+D alardeando sobre ‘lo que pueden hacer’, aunque nunca cuestionen si aquello que pueden producir es lo que el realmente anhela el consumidor.

Como resultado de dicha producción sin límites, entusiasta e impecable de artilugios o emprendimientos inoficiosos y hasta estúpidos, yergue la gente de investigación y desarrollo un monumento a la ingeniería, aunque para marketing no sea más que una puñalada al corazón.

Si es usted de los que pretende alcanzar el éxito con su emprendimiento, ya es hora de que observe y escuche a la gente: que sea el consumidor quien pida, no usted impulsando aquello que no quieren.

Si no sabe usted de marketing, contrate un mercadólogo experimentado para que finalmente se ponga al frente del proceso de creación; utilice los datos disponibles, la creatividad, la imaginación y la empatía para transmitir al consumidor lo que su empresa o negocio hace o, como quien dice, para que aplique en propiedad a su favor las cuatro pes: ‘Producto’, ‘Precio’, ‘Plaza’, y ‘Promoción’.

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