Neymar titilando y con ganas de apagarse

Por definición de la NASA, “una estrella se colapsa cuando el combustible se agota y el flujo de energía del núcleo de la estrella se detiene. Las reacciones nucleares fuera del núcleo hacen que la estrella moribunda se expanda hacia afuera en la fase de ‘gigante rojo’ antes de que comience su inevitable colapso. Si la estrella tiene aproximadamente la misma masa que el Sol, se convertirá en una estrella enana blanca”.

Dicho así, y aunque se me da que, a Neymar todavía no se le agota el combustible, los eventos recientes protagonizados por el ‘crack’ dentro y fuera del terreno de juego, da como mínimo para reflexionar, si acaso está Neymar titilando y con ganas de apagarse. Que si dichas reacciones son nucleares o nocivas para su trayectoria futbolera, vaya usted a saber, pero de seguro, lo que sigue aquí, definitivamente, no va con una identidad de marca robusta. Diga usted si no.

De una sesión de entrenamiento en Brasil hace unas tres semanas, surgió un video que, como mínimo, deja a Neymar como todo un rabón. Duró solo unos segundos pero, revela lo que parecía ser un incidente relativamente inocuo en el que Weverton, un adolescente de Cruzeiro, llamado a entrenar con el equipo nacional de mayores para ganar experiencia, jugó el balón, con autoridad e insolencia, a través de las piernas de Neymar. El popular ‘caño’ que, el ‘crack’ no asumió bien: tiró a Weverton al suelo mientras intentaba pasar, y luego se marchó, probablemente, emputado, aunque es difícil saberlo ya que la cámara lo toma de espaldas.

Sea cual sea el caso, el contenido captó una considerable tracción en la red de las maravillas, toda en el mismo sentido, por lo demás: “Neymar como un ‘crack’ petulante y malcriado, que reaccionó de manera reprochable precisamente al tipo de improvisación y precocidad que alguna vez lo hiciera famoso”.

Neymar es el primer Sol de las redes sociales; un astral nativo de la cultura digital, aunque su proceder no encaja con el de Lionel Messi, cuyas cuentas en las redes sociales reflejan poca pretensión de ser algo más allá de lo que su nombre representa para la fanaticada, o la de Cristiano Ronaldo, con sus publicaciones patrocinadas. Y, sin embargo, el video es una prueba fehaciente de que incluso este medio se había vuelto contra él: no decía mucho acerca de cómo es realmente Neymar, pero su reacción deja mucho que desear, al igual que declara mucho más de quién creemos que es.

Lo peor, por supuesto, estaba por venir: desde aquel entonces, una lesión en el tobillo ha marginado a Neymar de la Copa América en su tierra natal. Aún más grave, la acusación por violar a una mujer que conoció a través de las redes sociales. Otro manto de dudas que, aunque lanzó un video negando enfáticamente las acusaciones y ha reiterado su inocencia en una entrevista con la policía, provocó una segunda investigación.

Incluso en un sentido netamente deportivo, ha sido un año opaco para Neymar. Ha sido despojado de la capitanía del seleccionado brasilero. Su equipo, el París Saint-Germain falló vilmente, una vez más, en la UEFA Champions League, eliminado por uno de los equipos más flojos que en la historia reciente jamás haya visto la hinchada del Manchester United. (Se lesionó ambas piernas, y observó los instantes finales de la derrota del PSG en París, desde la lateral, y a punta de muecas).

La simpatía no es algo que a él se le dé con naturalidad, no solo por su estilo de vida ostentoso en París, que por lo demás, pareciera ser tolerado y patrocinado activamente por el PSG, sino porque gran parte de todo este barullo es consecuencia de su propia creación. A todas estas, queda un sinsabor de arrogancia en la historia del ‘crack’: Neymar formó parte del mejor tridente de ataque del planeta en el Barcelona FC, pero lo cambió todo porque quería brillar con mayor intensidad, solo con luz propia.

En ese orden de ideas, mijo, sugiere la experiencia que, con semejante proceder, es solo cuestión de tiempo hasta que Neymar llegue a la fase de ‘gigante rojo’. De hecho, no será el primero, ni el último de los soles del balompié en convertirse en una estrella enana blanca.

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