Modales para mantener las metas bajo control

Crecí en un entorno familiar que continuamente enfatizaba la relevancia de la autodisciplina. Cada noche, veía a mi papá programar el temporizador de la cafetera y poner su avena en el refrigerador para la mañana siguiente. Para las 5:00 a.m., estaría despierto. Para las 5:30 a.m., estaría en su caminata diaria. Para las 6:00 a.m., estaría llamando a la puerta de mi habitación, asegurándose de que estuviera despierto. Y a las 7:00 a.m., estaría ya en Yumbo en la planta de Cartón Colombia, hoy Smurfit Kappa Cartón de Colombia. Mi papá era ingeniero químico.

Desde muy joven, aprendí a ser disciplinado por el deporte y la formación académica— Como adolescente, la disciplina me permitió medir de manera tangible mi progreso a medida que crecía. La formación académica, me ilustró las nociones que hoy dominan mi proceder. La natación, con cada brazada hacia adelante me conducía a algún tipo de medida para el éxito: otra vara de experiencia adquirida, o un nuevo elemento épico. Y fue esta nueva forma de percibir mi progreso lo que en últimas me motivo y predispuso a dedicar tiempo, energía y esfuerzo a dominar mi desarrollo personal.

No establezca una meta sin saber cómo va a medir su progreso— Una de las cosas más sencillas de hacer es imaginar todo lo que uno quiere lograr. Por desgracia, ninguna cantidad de imaginación logrará que sus metas se hagan realidad.

En vez de eso, reflexione sobre cómo va a medir su progreso.

Si establece que, ‘quiere cambiar algún aspecto de su desarrollo profesional’, no se limite a escribir su objetivo en su libreta de apuntes. Defina y detalle las variables de éxito que empleará para saber que, va en la dirección indicada. Diga usted, por ejemplo, cada vez que se proponga una meta, establezca la frecuencia con la que planea practicar las habilidades requeridas para alcanzar dicha meta. O como quien dice, si quiere usted aprender a cabecear el balón, ¿cómo y cuántos días a la semana planea trabajar en ello?

La disciplina y el esfuerzo son fundamentales para materializar las metas.

Rodearse de gente disciplinada— Tan sencillo y simple, como que es usted el reflejo de las personas con las que mayor tiempo comparte.

Si todos en su entorno comen comida chatarra, lo más probable es que termine usted comiendo comida chatarra. Si todos los que están a su alrededor pasan cinco horas diarias al teléfono navegando las redes sociales y los chats, probablemente terminará usted haciendo lo mismo que ellos.

En ese orden de ideas, procure compartir mayor tiempo con amigos y colegas que se esfuerzan por autodisciplinarse, así terminará usted haciendo lo mismo.

Aísle las distracciones de su acontecer cotidiano al menos un día por semana— Las distracciones, diga usted, por ejemplo, como navegar largas horas en su teléfono las redes sociales y los chats le impedirán hacer lo que se requiere para alcanzar sus metas. Así entonces, elimine la opción por completo, al menos un día a la semana y como para que tenga usted el espacio necesario para reflexionar sobre el desarrollo de sus metas, los correctivos o complementos requeridos. O, como para relajarse ni más ni menos.

Registre a diario su progreso o experiencia de trabajo procurando ser lo más honesto posible consigo mismo— Uno de los aspectos más complejos de ser más disciplinado, es lo sencillo que es olvidar por qué quiso uno volverse disciplinado en primer lugar.

Una forma simple pero efectiva de ejercer dicha labor es registrar todos los días el progreso de sus metas y expectativas de desarrollo personal o profesional. El ejercicio sirve como recordatorio de propósito, como guía de trabajo y competencia, y como disciplina, por lo demás.

En últimas, pero no mencione que yo se lo dije:

Dedique de vez en cuando uno que otro espacio para la indisciplina— Parte del proceso de aprender la autodisciplina es saber cuándo ‘apretar’ y cuándo ‘aflojar’. Así pues, debe procurar usted una justa medida de tiempo entre ‘apretar’ y ‘aflojar’ a la vez que avanza en el proceso de desarrollo y consecución de sus metas.

La disciplina no es un destino. Debe ser una práctica cotidiana. O como quien dice, debe usted optimizar el arte de la carrera a larga distancia, —no a los piques—.

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