Atípico protector del publicista

Así como en cualquier otra profesión, el publicista pretende también que se le remunere por su labor; razón por la cual me alegró leer no hace mucho que, tanto Rubert Murdoch como Robert Thompson, dos veteranos gigantes que personifican los medios de comunicación tradicionales, andan por ahí discutiendo su desacuerdo con el modelo de poder discrecional absoluto que son Facebook y Google.

La cuestión, podrá no ser más que dos empresarios abogando por preservar un antiguo modelo de distribución por ‘poder y control’, en el que ellos son los guardianes del contenido a los que puede o no la audiencia acceder.

No obstante, Murdoch sostiene que los gigantes tecnológicos deberían pagar por el contenido que publican en sus plataformas y, Thompson sugiere que el entorno digital se ha convertido en una zona árida infestada de ‘bots’.

Podrá estar o no usted de acuerdo con su argumento, pero la realidad es que Facebook y Google son los nuevos guardianes de contenido, aunque, bastante más oscuros y mercenarios que en su momento ambos empresarios hayan podido ser. Si no me cree, esperemos a ver como resuelve Zuckerberg el empalagoso asunto de Cambridge Analytica.

Ah, y tampoco este par de empresarios pagan por el contenido informativo, indistinto de si es real o irreal.

Las redes sociales gozan en la actualidad de un deslumbrante y muy rentable modelo de negocio (salvo que la gente examine concienzudamente el asunto). En ese orden de ideas, y mientras asumamos el cambio tecnológico como una cuestión inevitable que está al margen de la realidad social, cultural, política, o económica, por el mero hecho de ser disruptivo, no podremos entonces adoptar el tema de manera racional e imparcial.

Desde esa óptica, los ideales comerciales de los grandes medios de comunicación tradicionales no están tan desactualizados como se cree, si se considera que para compartir ‘material’, se requiere de ‘material’ para compartir. Ronda por ahí, afortunadamente, una teoría emergente que, dicta dicho ‘material’ —cualquiera que sea el ‘material’, sea este un ensayo escrito por un periodista o un publicistas (no importa en realidad), o sencillamente, los datos que deja el usuario con su historial de navegación— debería ser remunerado.

Tenga presente que, ni Facebook ni Google operan por el bien público, ni sin ánimo de lucro. Por el contrario, son dos empresas muy productivas que generan enormes cantidades de dinero. Así entonces, ¿por qué debe ser gratuita la materia prima que los enriquece, particularmente, si producirla o suministrarla tiene un costo significativo?

No señor. Esta vez, se me da que los susodichos personajes tienen un punto a su favor.

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