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El gusto por la abnegación

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En menos de lo que canta un gallo fue que se dio la reacción pública en redes sociales al comentario del periodista deportivo, Carlos Antonio Vélez, en cuanto al rendimiento futbolístico de Pablo Armero el pasado domingo en el Camping durante el clásico en el que Millonarios venció 3-1 al América.

Y, es que cuando los instantes se miden en clics, la noción de abnegación parece singular o, acaso, ¿por qué considerar siquiera el sacrificio, si las libertades fundamentales pueden perderse de tajo en un régimen dictatorial como el venezolano o, si puede usted comprar en línea todo cuanto desee o, si puede usted endeudarse sin mayor dificultad?

¡Porque la abnegación es la mejor forma para realizar las metas establecidas!

Por estos días en los que la recompensa casi siempre termina perjudicando las provisiones con las que contamos para desarrollar activos a futuro, es fundamental invertir en asuntos que valen la pena construirse y, para lo cual es imperativo sacrificar lo que quiere usted actualmente. Un sacrificio significa, por ejemplo, renunciar al entrene del miércoles para asistir a la clase de física y química, aunque, igual puede ser esta una decisión audaz para más adelante alcanzar los once titulares.

Independiente de la meta, los sacrificios la hacen mucho más probable de alcanzar.

Sin embargo, el trayecto hacía tan meritoria meta es en sí parte fundamental de la finalidad. En realidad, nunca tendremos la certeza de alcanzar cualquier meta en particular que nos propongamos, que por lo demás, es la razón por la cual la mayoría de las personas ni se molesta en perseverar. Así mismo, e independiente de lo inalcanzable que parezca, si el trayecto para lograrla implica sacrificio, estaremos a diario abonando para su realización.

De ahí que la abnegación ha de ser todo un gusto.

La función del sacrificio, de renunciar a determinada condición en nuestro trayecto hacía uno mucho más generoso, integro como útil, es en realidad, un pequeño pedazo de recompensa que nos brinda la meta en sí.

Y en últimas, el logro no ha de ser tan digno, si el trayecto para alcanzarlo resulta sencillo.

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