Los primeros veinte minutos

La Copa Mundial de la FIFA constituye uno de los acontecimientos deportivos más relevantes alrededor del globo. Este evento le pertenece a la humanidad y debería ser una óptima manifestación de decencia, ‘fair play’ y transparencia. Sin embargo, la Copa Mundial de la FIFA, en la actualidad es un trebejo de las compañías multinacionales más grandes del mundo que gastan millones de dólares en patrocinios. Una camarilla, que se perpetúa a sí misma para controlar el magno evento. Agréguele al batido, medios de comunicación, comentaristas, cronistas deportivos y, por supuesto, hinchas, para obtener así una asociación de pasiones de dimensiones insospechadas.

Así entonces, y restando tan solo una fecha por jugarse está que arde la eliminatoria de clasificación por los lados de la CONMEBOL (Confederación Sudamericana de Fútbol), con más de uno buscando la luz al final del túnel. Eso incluye a nuestra queridísima Selección Colombia que, no pudo doblegar a Venezuela en su casa porque el onceno Vinotinto jugó como el “bravo pueblo” que es y; por tropezar con Paraguay que, sin ser superior, terminó por encontrar los tres puntos en una butifarra.

Los titulares de prensa no se han hecho esperar, los del periódico El Tiempo, ayer, sugieren: ‘El tiquete a Rusia quedó en veremos’; ‘Falcao, el que sí hizo la tarea’; ‘El Metro cumplió, pero se fue a casa en una absoluta tristeza’; ‘David bajó al infierno’; ‘A ganar en Lima para no sufrir el martes’. Así mismo, han recibido los 14 jugadores que estuvieron con la Tricolor puesta aquel día, interminables evaluaciones, calificaciones, y calificativos (David Ospina, Santiago Arias, Cristian Zapata, Dávinson Sánchez, Frank Fabra, Carlos Sánchez, Abel Aguilar, Juan Guillermo Cuadrado, James Rodríguez, Edwin Cardona, Falcao García, Teófilo Gutiérrez, Yimmi Chará, Wílmer Barrios) y, no obstante, entre tanto cuestionamiento, frustración y desencanto, nadie parece saber a ciencia cierta la verdadera causa por la que tan solo en seis minutos se desmoronaron los jugadores de la Selección Colombia, en mi opinión, visiblemente superiores a los guaranís.

‘Que fue, que fue’, que ‘Colombia no es equipo porque Pékerman no trabaja’, dijo uno por ahí, y así por el estilo los señalamientos; pero a mí, se me da, que el bajón de rendimiento es pura cuestión de estilo.

El verdadero estilo proviene del interior. Todos los elementos y la materia prima de la personalidad de un individuo están esperando ser extraídos y dirigidos hacia el mundo. Se lo aprendí a Norman King en ‘The First Five Minutes’, ya hace rato. Carismático es el que puede identificar estos elementos, juntarlos y organizarlos en una personalidad única y triunfadora.

Pero, hay un obstáculo evidente que es imperativo sortear antes de adquirir estilo y carisma. Uno tiene que estar en buenos términos consigo mismo y saber diferenciar exactamente lo que es y quien es; y, al contrario, quién no es y qué no es.

Y es precisamente aquí, que me resulta la inquietud de si James Rodríguez, un excelente futbolista, y tan solo por mencionar un ejemplo evidente, se encuentra por estos días en buenos términos consigo mismo, considerando su reciente experiencia profesional en el Real Madrid, su divorcio, su transferencia al Bayern Múnich y la salida de Carlo Ancelotti, una especie de mentor para él.

En todo caso, ha sido evidente el bajo desempeño de James Rodríguez en el partido contra Paraguay y, aquí podría estar la explicación.

Muchos jugadores, de hecho me atrevería a sugerir que, la mayoría de ellos, —se pasan la vida entera sin saber quiénes son o qué son—. Jamás han logrado ver la verdad sobre sí mismas. ¿Por qué será? Porque se la han ocultado a sí mismas.

En efecto, han levantado barreras para esconder su verdadera personalidad de la vista de los demás, y al proceder así, has oscurecido su propia visión de sí. Los psicólogos reconocen que el individuo es por regla general una misteriosa combinación de motivaciones conscientes e inconscientes que tienden a dividir la personalidad en comportamientos contradictorios que compiten unos con otros.

El problema es, pues, echar abajo esas barreras, reconocer uno su verdadera personalidad, y concentrar sus diversos elementos psicológicos en una entidad presentable y brillante. Deberían los psicólogos de la Selección Colombia hacer lo posible por rescatar el contexto.

Y al cierre, no me cabe la menor duda, el próximo martes ante Perú en Lima, la clasificación de nuestra queridísima Tricolor a la Copa Mundial de la FIFA Rusia 2018. Allá no esperan. Bueno, quizás no a todos, pero sí a James Rodríguez tal cual al resto del conjunto.

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