La reputación más allá del predicado

Ahí tienen pues, desde los juristas, empresarios y los carteles de precio, hasta los papeles de Panamá, un sinnúmero de referentes personales y de negocio cuya reputación queda en el mero predicado. Así entonces, a la reputación personal o corporativa no le basta con el mero parloteo.

El lenguaje oral, que comenzó en tiempos prehistóricos cuando los hombres quisieron comunicarse recíprocamente sus verdaderos sentimientos, infortunadamente se ha venido a usar después no sólo para decir la verdad sino también para decir mentiras. Palabras que en un tiempo se usaron para armar una imagen verdadera, se pueden usar hoy para pintar un perfil falso.

El político, y las falaces promesas que les hace a sus electores, es la imagen estereotipada que acude inmediatamente a la imaginación.

Pero hay muchas otras personas que, sin ser políticas, se valen de las palabras para confundir; y muchas de ellas se dedican a los negocios y a empresas comerciales. Por ejemplo:

Juristas; congresistas; presidentes de la República; empresarios; vendedores; mercadólogos; agentes de propiedad raíz; médicos; agentes de seguros; publicistas; relacionistas públicos; Twitter; Facebook; Uber; Interbolsa; Tecnoquímicas (TQ); Familia; Kimberly; Drypers; Efecty; pastores evangélicos; el Centro Democrático; Cambio Radical; y demás personajes, tales como empresarios, profesionales, predicadores de iglesia y partidos políticos de similar pelambre.

En ese orden de ideas, “lo que uno es habla tan fuerte, que no oigo lo que dices”, solía decir Ralph Waldo Emerson que, era muy hábil captando las contradicciones entre el dicho y el hecho. O también deberían aquellos que profesan su fe religiosa, dejar en evidencia a aquellos que “guiñan con sus ojos, hablan con los pies, enseñan con los dedos”, según sugieren los Proverbios.

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