Por doquier y más activo que nunca el circo

La gente en el tiempo acostumbra acudir al entretenimiento como válvula de escape y salvaguarda de la brutalidad a la que está expuesta en su cotidiano existir. Los romanos inventaron el vocablo “circo”, cuyo significado es “ruedo”, y construyeron instalaciones que albergaban carreras de carruajes tiradas por caballos, así como la reproducción de épicas batallas históricas interpretadas por fieros gladiadores, coincidiendo de esta manera con la labor que fungían los anfiteatros como el Coliseo.

Nuestra noción de circo se origina, según la historia, en Londres por allá en el siglo 18, con los malvares ecuestres de hábiles jinetes, a los que luego se les incorporaría malabaristas, payasos y trapecistas, a medida que la audiencia manifestaba su apreciación por la divertida experiencia.

Como cualquier negocio, los espectáculos circenses exitosos llegaron a serlo, adquiriendo los circos más pequeños e innovando sus caóticas presentaciones, concediéndole así al público la oportunidad de contemplar y, hasta reír de los peligros y sufrimientos que enfrentaban sus artistas en cada entretenida función, aparentemente inofensiva.

No obstante, se me da que, con cada actuación del artista circense, lo que en realidad allí se interpreta, eran los peligros y sufrimientos que enfrentaba la gente en su cotidianidad.

En ese orden de ideas, el acto del trapecista representaba lo frágil que era en aquel entonces la seguridad física de la gente. Los payasos satirizaban las conjeturas de inteligencia y responsabilidad de aquellos en el poder, así como la de aquellos que la padecían. Procesiones, danzas, y animales saltarines han sido un lejano aullido del sufrimiento animal contemporáneo, pues cuenta la historia que, en los inicios del circo la audiencia consideraba divertido la lucha a muerte entre fieras (osos encadenados atacados por perros salvajes hasta que uno de ellos pereciera).

Semejantes cualidades en aquel entonces, parecerían un juego de niños en el entorno contemporáneo puesto que, es como si disfrutáramos de un sistema de salud pública aún mucho más imperfecto, de los videos en línea que ensartan a cualquiera e independiente de la temática, y en donde los derechos de los animales son una expectativa, no la excepción.

Sencillamente, no es posible que los artistas del circo resuelvan este acertijo a punta de entretener a la audiencia. El circo extravió la conexión con nuestra existencia. Se convirtió en un escape de alguna parte a ninguna parte.

En su reemplazo tenemos la Internet, la cual nos proporciona acceso ilimitado a cuanto horror existencial imaginable, embalado en cómoda distancia espacial y emocional. La treta de entrenar a personas y animales para que interpretaran actos de diversión, ha sido sustituida por un torrente de personajes dispuestos a arriesgar sus vidas o, al menos así lo parece.

¿Quién acaso, necesita presenciar un acto de cuerda floja a 15 metros de altura, cuando en los X Games se pueden apreciar ‘backflips’, ‘no footers’, ‘heelclickers’, y ‘one handed backflips’ en motocicleta? ¿Qué puede hacer un payaso, cuando todos podemos encontrar bufonescos personajes en línea o, en la oposición o, en el gobierno o, como mínimo ser acusados de serlo?

Las consabidas amenazas de cambio climático, extinción de las especies, terrorismo, corrupción, así como el permanente sufrimiento de la humanidad a causa del analfabetismo, las “ventajeras” oportunidades laborales y, aquellas otras de 48 horas semanales “conectado a una diadema” por una bicoca de salario, la inanición y la enfermedad están disponibles en línea 24/7. Es más, registrar nuestros comentarios como el sin fin de “selfies” nos da la sensación, no solo de estar presenciando el “mayor espectáculo del mundo”, sino de estar también participando en él.

Sí, el Ringling Brothers and Barnum & Bailey cerro sus carpas para siempre, sin embargo, el otro circo de variado tinglado todavía anda por ahí y más activo que nunca.

[Imagen vía Ringling Brothers and Barnum & Bailey]

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