Usted en su papel de mercancía

Junto con Lionel Messi, James Rodríguez, Gabriel Meluk, Farid Mondragón, Andrea Guerrero, y Jorge Bermúdez, por tan solo mencionar unos cuantos, y como para así ilustrar la siguiente narrativa. Así pues:

Lionel Messi, por “pecho frío” y el sartal de barbaridades con el que a diario lidia el “crack” cada vez que entra en escena ante la enardecida turba argentina que, por lo demás, hace rato dejó de ser una buena hinchada; James Rodríguez, por “engatillarle el dedo” a unos cuantos mediáticos reporteros, como por las incesantes especulaciones de su relación laboral con Zidane, cortesía de la repelente prensa deportiva que, también hace rato dejó su ecuanimidad en el cajón de los buenos reporteros de antaño; Gabriel Meluk, por el error de sensatez, al cazar “pelea de toche con guayaba madura” que, por lo demás, es ingenuo de su parte, por ser él un capaz, talentoso, y conocedor editor y periodista deportivo (o, quizás fue que se envalentonó porque el “toche” de turno era Farid Mondragón; vaya usted a saber); Farid Mondragón, por su brillante trayectoria como arquero, y por ser también un ingenuo y mal preparado comentarista deportivo que, por lo demás, cuanto antes debería capacitarse como mandan los cánones, remediando el asunto de una vez por todas, sin arriesgar innecesariamente su reputación personal y profesional; Andrea Guerrero, por atreverse a sugerir aquello que todos consideramos debía ser lo correcto, pero que callamos por temor al abucheo de la gradería: Pablo Armero, por sus desmanes y por jayán, e independiente de lo buen futbolista que es, y hasta que pida las debidas disculpas públicas, no debe estar en los planes del profesor Pekerman para la Selección Colombia; y en últimas, pero no así menos relevante, Jorge Bermúdez, que por mero Bermúdez, se las da de “Patrón” en Win Sports.

Y si la cuestión aún no la deduce usted, su Smartphone, así como la Internet ejercen una doble función como promotor de mercadería.

De un lado, usted adquirió su dispositivo y a diario lo accede como soporte para la realización de ciertas actividades personales y profesionales, o como por mero ocio y entretenimiento que, por lo demás, hace del artilugio y las susodichas plataformas, una ganga milagrosa en el contexto de la conspiración del “Internet de las cosas”.

En la otra orilla, que es la mayoría de las veces, su Smartphone y la Internet están al servicio de grandes negocios, de una variada multitud de conocidos y desconocidos por igual, como de múltiples y elaboradas redes sociales. Sin excepción, todos emplean su equipo y el canal de distribución para que les sea productivo. O como quien dice, usted no es el cliente, usted es la mercancía. Su curiosidad e interés, tal cual su ansiedad por estar constantemente en línea y sintonizado, se vende barato, muy barato.

Al acaparar su Smartphone y la Internet toda su atención o, al hacerle sentir inadecuado o, al obligarlo a permanecer actualizado o, consumiendo constantemente contenidos y mercadería o, a inquietarse permanentemente, ninguno de los dos está realmente a su servicio, ¿cierto?

Bajo demanda, no significa ejercer las múltiples actividades cuando su dispositivo, la gradería y la Internet así lo requieran.

En ese orden de ideas, la identidad de marca es el resultado de lo que (en línea) diga usted, la reputación es la consecuencia de lo que haga usted (dentro o fuera de la Internet).

De cara al provenir de los susodichos personajes, así como del suyo, ambas tienen efecto sobre las ventas, la valoración del patrimonio de marca, y la satisfacción de la audiencia. No obstante, el posicionamiento de marca tiende a ser definido de manera generalizada, y por su lado, la reputación se asocia con frecuencia a las relaciones públicas, particularmente, cuando se presenta algún tipo de evento noticioso adverso o crisis (v.g. es más sencillo percibir la reputación cuando está siendo cuestionada por mediáticos titulares).

A continuación, tres características sobre la reputación que debería usted conocer, porque podría ayudarles a moldear como a enfocar el papel de la misma en su profesión, y como para que logre así alcanzar mayores réditos por su esfuerzo:

(1) Usted ni nadie puede controlar la reputación, como sí puede hacerse con el posicionamiento de marca, que puede ser creativo en su definición y presentado ante el comité de marketing en una colorida diapositiva, tal cual es factible adquirirlo literalmente por intermedio del presupuesto de marketing.

(2) Debería usted concentrar la atención en reducir la brecha entre las expectativas y la realidad.

(3) Debería usted establecer métricas para la reputación, fundamentado en su operación real y no en los informes de actividad que publican los medios de comunicación, ni sus seguidores o detractores.

Aquellas personas que gozan de buena reputación, deberían invertir menos en su intento por comercializar su mercadería, y mejor concentrar su atención en consolidar cadenas de providencia más resistentes a las irrupciones. Así podrían retener por mayor tiempo la gracia de sus seguidores. Igualmente, una buena reputación podría significar conservar la humildad, independiente del éxito en su trayectoria profesional. En ese orden de ideas, y cuando por alguna razón se suscite un evento o noticia adversa, pueda ser que la fanaticada como la gradería Norte, Sur, y gorriones sean bastante más compasivos, considerando de hecho que, una buena reputación implica mayor riesgo.

Los medios de comunicación son un mecanismo, no un entregable. Por eso, determine y establezca un modelo viable para el desarrollo del contenido que va usted a publicar en las redes sociales.

Y ya en últimas, debería usted ser bastante más pro-activo al experimentar con la forma en que define y difunde sus comunicados de reputación. En la Internet, la gente se inclina por adquirir la mercadería más por la reputación de la misma que por la marca, independiente, de cómo ellos (o nosotros) elijamos etiquetar el asunto.

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