Sobre tono y encanto

La gente habla con frecuencia sobre “tono” en redacción de contenidos. Este es el tipo de vocablo que causa todo tipo de problemas. Usted con frecuencia escucha decir a un cliente al mirar un post de cualquier blog: “no me gusta el tono”. Este comentario es entonces llevado al bloguero, quien se pone furioso por dos razones.

La primera, porque él cree que todo lo que escribe es perfecto. ¿Cómo se atreve el cliente a criticar su escrito? Segundo, porque decir que un post tiene un “tono” equivocado es una forma muy vaga de criticar. En estos casos, así como en otros tantos, es buena idea discutir el tema cara a cara.

A todos nos es familiar aquella sensación en la que hemos conocido a alguien y manifestamos: “no me gustan sus modales” o “fue solo un asunto de química profesional”, aun cuando en realidad, lo que dice usted es que la persona que conoció —en lo que a usted respecta— no se expresa en forma indicada. Exactamente lo mismo ocurre con los textos y, yo lo comparo con la “coquetería”.

Todos conocemos gente coqueta, gente encantadora que se lleva bien con todo el mundo y, la razón de ello es muy sencilla, pues estas personas se toman la molestia de estudiar a su interlocutor, y fundamentadas en las nociones adquiridas, se acercan a ella de manera mucho más simpática.

Esto es exactamente lo mismo que se obtiene cuando se emplea el “tono indicado”.

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