La potestad del todavía

Sorprende la forma en que tan solo un cambio de enfoque puede hacer tanta diferencia, en delinear una senda de porvenir para aquellas personas que por una u otra razón no alcanzan el objetivo trazado. La noción se la escuche por primera vez a la psicóloga e investigadora Carol Dweck, cuyo trabajo se centra en la psicología del desarrollo social y de la personalidad.

Considerando que con una calificación de “reprobado”, uno puede llegar a sentir que “se es nada” o que “no se va a ninguna parte”, lo que Dweck aprendió de los maestros de bachillerato de un colegio en Chicago en el que los estudiantes deben aprobar un número determinado de asignaturas para poder graduarse y, que si por algún motivo no logran aprobar alguna de ellas, reciben a cambio la nota “Todavía No”; le sirvió de entendimiento para contextualizar una de sus primeras investigaciones con la que pretendió determinar cómo lidian los niños con el reto y las dificultades.

En su indagación, Dweck asignó la resolución de problemas a niños de 10 años, bastante más difíciles para su edad y sin embargo, uno que otro reaccionó de forma sorprendente al adoptar el reto de manera positiva. Aquellos mencionaron frases tales como, “me encanta un buen reto” o “pensé que esto sería ilustrativo”. Éstos comprendieron que pueden desarrollar sus habilidades. En términos de la psicóloga, “tienen actitud para el desarrollo”. No obstante, los demás niños consideraron trágico y hasta catastrófico el asunto, pues desde su perspectiva mental algo más rígida, estimaron que su inteligencia se les había evaluada, fracasando en el intento por lo demás. En vez de concederse “la potestad del todavía”, cayeron en las tiránicas garras del “ahora”.

Que ¿cuál fue su posterior reacción? Sencillo, en otra investigación, aquellos que se percibieron como “reprobados”, le mencionaron a Dweck que en una próxima evaluación, probablemente harían trampa en vez de estudiar más para afrontar el reto. Es más, en otra investigación y después de fracasar en el intento, buscaban a algún otro niño de peor desempeño como para sentirse bien consigo mismos. Y así en lo sucesivo, estudio tras estudio, algunos chicos, terminan siempre huyéndole a las dificultades.

Los científicos han registrado la actividad eléctrica del cerebro en la medida en que los estudiantes confrontan el error. En aquellos estudiantes con perspectiva mental algo más rígida, el cerebro casi no registra actividad ya que éstos tienden a huir del error sin confrontarlo. Sin embargo y desde la otra orilla, aquellos estudiantes con actitud para el desarrollo que, consideran pueden las habilidades desarrollarse, se comprometen exhaustivamente en la resolución del error, lo procesan, aprenden de el y lo corrigen.

En ese orden de ideas, ¿cómo hemos criado a nuestros hijos? ¿Acaso los hemos criado para el “ahora” en vez del “todavía”? ¿Será que estamos criando chicos que están obsesionados con la nota más alta posible? ¿Será que no les hemos enseñado a anhelar épicas realizaciones? ¿Acaso su mayor logro es la nota más alta del curso en la próxima evaluación? ¿O será que tal vez estamos trasladando la constante necesidad de validación consigo mismos al provenir de su existencia? Tal parece, sugieren los expertos de recursos humanos que, ya hemos criado todo una generación de jóvenes empleados que no pueden pasar el día sin que haya lugar a un reconocimiento por su esfuerzo.

¿Qué hacer entonces, cómo extender el vínculo hacía el “todavía”? Al respecto, he aquí algunas sugerencias de la psicóloga Carol Dweck:

Ante todo, puede usted elogiar con sabiduría y en contraposición a aquellos elogios que se otorgan por inteligencia o talento, pues esa tónica ha fracasado y debe evitarse. Reconozca el proceso en el que se embarcan los chicos: su esfuerzo, sus estrategias, su enfoque, su perseverancia, su restablecimiento. Dicho procesos de ponderación genera chicos fuertes y resistentes.

Cuando al estudiante, v.g. el de matemáticas, se le reconoce por su esfuerzo, estrategia y progreso, éste se esfuerza mucho más, plantea mayor cantidad de estrategias, al igual que aumenta su compromiso con la asignatura tal cual su perseverancia por períodos de tiempo mucho más pronunciados, al toparse éstos con problemas realmente difíciles de resolver.

De sus hallazgos, sugiere la psicóloga Carol Dweck que tan solo los vocablos “todavía” o “todavía no”, dan a los chicos mayor confianza, les concede una senda al porvenir que genera mucha mayor persistencia y por lo demás, permite modificar la actitud del estudiante. En otro estudio de referencia, les enseñaron a los chicos que salir de su zona de confort como para aprender algo novedoso y exigente, le facilita a las neuronas del cerebro, establecer nuevas y más robustas conexiones que eventualmente terminaran por hacerles más inteligentes.

Lo que en últimas registró el susodicho estudio, es que aquellos chicos a los que no se les enseño una “actitud de desarrollo” en su aprendizaje, continuaron reflejando un pobre desempeño académico en este complejo período de transición escolar. En contraposición, aquellos a los que sí se les instruyó la mencionada noción, evidenciaron una considerable mejoría en sus notas y, dicha efectividad ha sido ampliamente comprobada a través de los cientos y cientos de estudiantes a los que ha beneficiado, en especial, aquellos que a diario luchan por mejorar su desempeño académico.

La transición de los chicos, de una perspectiva mental algo más rígida a una “actitud para el desarrollo”, es viable porque el significado de “esfuerzo” y “dificultad” puede alterarse. En otras épocas, esfuerzo y dificultad les hacía sentir tontos, les incitaba a darse por vencidos, pero en la actualidad y si se les explica, los chicos comprenden que esfuerzo y dificultad son el espacio en las que sus neuronas establecen nuevas y robustas conexiones, en un constante proceso que les hará mucho más inteligentes.

Que al respecto no se pierda más tiempo como tampoco se malogren más vidas, porque una vez se tiene claro que las habilidades académicas disponen de dicha capacidad de desarrollo, se vuelve un derecho humano básico para los chicos, poder convivir en entornos en los que se estimule dicho desarrollo académico colmado de “todavía”.

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