Consideraciones para la estrategia de marca

Logro es el anhelo de competir para alcanzar metas cada vez más exigentes. Afiliación es el deseo por caer bien y ser amado. Y poder es el afán por alcanzar el respaldo como el respeto para sí mismo.

Bueno o al menos así lo sugiere David McClelland, profesor de psicología de la universidad de Harvard, en su libro “Human Motivation”. Nociones psicológicas de finales de la década de los ochenta que, seguramente usted habrá comprobado en algún momento de su existencia.

Tal cual de la práctica de la investigación de mercados, puede inferirse uno que otro impulso adicional en el consumidor. Diga usted por ejemplo, el anhelo por la estética, aquella insaciable sensación de placer y estímulo. La ambición por el poder, aquella eterna percepción de saber que se está siempre en control. O el afán por fomentar la personalidad, los valores y la narrativa individual.

En esos términos, es que tiende uno a reflexionar sobre si el marketing contemporáneo está realmente colaborando con la motivación de la gente tal cual alimentando su apetito y deseo consumista.

¿Colabora entonces el marketing actual con la gente para que ésta alcance sus metas consumistas; sacia la estrategia el apetito del consumidor por ser reconocido, por caer bien, por ser querido; acaso las marcas están conectando con las personas en sus respectivos segmentos para empoderarles para que éstas a su vez empoderen a otros; se les provee experiencias excepcionales, satisfactorias y cautivadoras; recibe actualmente el consumidor la sensación de estar en control, de conocimiento y de participación; acaso los de marketing hacen sentir bien al consumidor consigo mismo como con las decisiones que toman en nuestra presencia?

Ahora bien y aun cuando creo haber relacionado todos los cuestionamientos que se me antojaron, la pregunta del millón es si usted realmente cree fervorosamente en perseguir dichos ideales.

Si es así, puede usted empezar por relacionar la forma cómo abordara dichos asuntos y una vez concluido, podrá usted anunciar a su jefe que está lista la estrategia de marca para el año entrante.

De lo contrario, tarde que temprano terminará usted siendo “prueba de lo que son capaces”.

En ambos casos y sea cuál sea su elección, buen viento y buena mar.

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