La diferencia entre hábito e intención

Podría radicar en la noción de actuar sin pensar, —un principio conocido en la ciencia cono automatización— que por lo demás, parece ser el principal promotor de los hábitos.

De hecho, Aristóteles solía proclamar que, “somos lo que repetidamente hacemos”.

Pero igual, usted también puede prestar mayor atención a su conducta antes de salir corriendo el próximo 9 de marzo, a depositar su voto por el candidato del “partido político” que acostumbra. Aun cuando, sabemos lo difícil que es re-cablear los hábitos una vez arraigados en nuestra rutina cotidiana, tal cual es evidente que se requiere mucho más que “fuerza de voluntad” para poder lograrlo.

Así mismo, tampoco hay porqué perder el optimismo puesto que Jeremy Dean explica en su libro Making Habits, Breaking Habits, cómo es posible doblegar los hábitos a voluntad para ser mucho más felices, creativos y productivos.

Y quizás alcance usted a echar un vistazo antes del venidero apocalipsis parlamentario, como también es probable que no falte aquel que termine desconsolado ya que, si recuerda usted, el hábito tal cual la genialidad es cuestión de testarudez y costumbre deliberada.

Sugiero Making Habits, Breaking Habits, como lectura obligada para los investigadores sociales y de mercado tal cual para la gente de marketing, pues allí se explora entre otras fascinantes facetas, la diferencia entre hábito e intención, la clave para salir del modo “piloto automático” y cómo deshacerse de molestos continuos.

Y por último, como para aquellos parlamentarios que van colgados en los sondeos de intención de voto, les recuerdo que las “cifras mágicas” siempre terminan por requerir algo de sal empírica.

¡Suerte es que les digo!

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