El éxito en mi bolsa de consejos

Definitivamente, el aspecto más gratificante de orientar el desarrollo de la marca personal de los demás es vislumbrar en sus rostros esa expresión cuando se alcanza la percepción de cierta noción expuesta. Ese es el caso, independiente, de si el discípulo es un adolescente o todo un profesional.

No hace mucho, fue el caso de un novato ingeniero industrial que, se aprestaba a asumir su nuevo rol como Gerente de Marca en un muy reconocido laboratorio farmacéutico multinacional. En su momento, el ansioso ingeniero inquirió: “¿cuál de todos es el mejor consejo que puede usted brindarme?” Y a lo cual replique sin titubear: “¡el del éxito!”

Puede usted contar con ello le dije, “cuando el negocio resulta de maravilla, todos los involucrados saldrán a reclamar el crédito”.

Esta actitud es particularmente frustrante para el emprendedor que, pone todo el esfuerzo, empeño y sacrificio en favor de la Empresa. “¡Pero usted, quieto ahí!” “Patalear no le servirá de nada y tarde que temprano, los truhanes pelarán el cobre”.

Raya y rechina ver cómo los altos jerarcas sin fundamento, se apoderan del crédito.

“Aun cuando fresco porque, dicen por ahí que las multinacionales estadounidenses son menos intensas que las europeas. Quizás tenga suerte”.

Varias de las empresas más sobresalientes con las que he trabajado, tienen como política ciertas nociones al respecto:

  • El equipo gerencial siempre se lleva el crédito. Pues son ellos, los encargados de elaborar todo el trabajo sucio como de poner las gotas de sudor y sangre, tal cual las lágrimas (¿si las reprimendas no se hacen esperar, por qué no reconocerles el crédito cuando lo ameriten?).
  • No regodearse ni alardear. Éstas no son propiamente dichas, características de nobleza, como sí lo es la humildad en los momentos de éxito.

Claro está también que, es más fácil decirlo que cumplirlo en especial, si se considera que el éxito por estos días, muchas veces es esquivo, y motivo por el cual no ha de extrañarle el surgimiento de tanto progenitor cuando llegue la gloria.

¿Y entonces? Preguntó cuasi descorazonado. Pues no está de más, tener a flor de labio la célebre expresión, “¡que linda corbata Jefecito y como le luce!”, replique, percibiendo cómo de nuevo se iluminaban sus ojos.

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